Su trabajo posdoctoral en Alemania exploró –junto con psicólogos y psiquiatras– la acción de las neuronas ante situaciones de emergencia. Desde el 2009 trabaja en el análisis de riesgo bancario y ayuda a los jerarcas del Banco Nacional a tomar decisiones con base en datos.

La motivación de un profesor de octavo año de colegio en el Liceo Mauro Fernández en Tibás, le hizo ver a Álvaro José Guevara Villalobos que había algo especial en las matemáticas.

“Mi profesora de sétimo año no fue tan buena, pero al llegar a octavo llegó un profesor que se salía del canasto y de la metodología habitual. Nos llevaba otro tipo de problemas matemáticos para retarnos y yo me puse a participar mucho. Él vio que había un talento y me motivó a seguir”, recuerda Villlalobos.

Esta motivación lo hizo recorrer un emocionante camino que este martes le rindió réditos, al recibir el premio Twas-Conicit, que se otorga a científicos destacados menores de 40 años.

El galardón es entregado por el Consejo Nacional para Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit) y la Academia de Ciencias para el Mundo en Desarrollo (TWAS, por sus siglas en inglés).

Entre los aspectos rescatables de este hombre de 36 años es que él no es un matemático que se la pasa entre fórmulas, pizarrones y libros.  Su trabajo ha tenido aplicaciones en la vida real, por ejemplo en el campo de la salud y en el análisis de riesgo bancario.

Romper moldes

Guevara Villalobos recuerda que el empujón que le dio su profesor de colegio fue determinante para perderle el miedo a las matemáticas y potenciar su talento. Según dice, muchos docentes, en la actualidad, deben asumir el desafío de hacer sus clases atractivas para que otros jóvenes también puedan enamorarse de los números.

Su aventura comenzó en el omento en que decidió participar en las Olimpiadas de Matemática. “Me preparé y cuando en el colegio vieron mi motivación tuve mucho apoyo”, recordó.

Así, Guevara logró medalla de bronce en la Olimpiada Nacional en 1997. Posteriormente fue a una Olimpiada Iberoamericana y ganó mención de honor.

Sin embargo, por esos azares de la vida, las matemáticas no fueron su primera opción al llegar a la universidad y durante un año se dedicó a estudiar Ingeniería en Electrónica.

“En aquel entonces era lo que estaba de moda, era una carrera a la que se le veía mucho futuro. Tenía muchas aplicaciones matemáticas, pero no me llenaba tanto. No elegí Matemática al principio por estereotipos y porque la gente decía que iba a morirme de hambre. Sin embargo, ese mismo año le expliqué a mi mamá que iba a cambiarme de carrera. Ella me vio tan decidido que sabía que no tenía caso convencerme de seguir en ingeniería”, recordó entre risas.

En el 2011, ya totalmente anclado en su campo, Guevara viajó a Dresde, Alemania, para realizar un pos-doctorado en la Sección de Sistemas Neuronales de la Universidad Tecnológica. Allí, junto con psicólogos, psiquiatras y médicos de varias especialidades, analizó los efectos de las sustancias adictivas –especialmente nicotina y alcohol– sobre redes neuronales en los estímulos de recompensa y estímulo.

“Me tocó abrirme a aprender, a escuchar otros puntos de vista. Yo nunca había trabajado con psicólogos y psiquiatras y ellos tampoco estaban acostumbrados a alguien de un área tan diferente, como lo es matemática”, comentó Guevara.

Al regresar al país, se incorporó como profesor e investigador de la Universidad de Costa Rica (UCR). También se integró a la Dirección de Modelos Matemáticos de la Dirección de Riesgo del Banco Nacional (BN), donde, a través de los datos, analiza posibles escenarios de la economía, para que los jerarcas decidan cómo actuar.

“¿Qué hace un matemático metido en un banco? Parece raro, pero la verdad es que cada vez nos damos cuenta de que este análisis de datos ayuda mucho a medir el riesgo y a la toma de decisiones”, afirmó el joven galardonado la mañana de este martes.

Reconocimiento

Mientras Guevara daba su discurso, Cristina, su hija de dos años le pidió tenerla en brazos. Varios miembros de su familia (esposa, papás, abuelos, hermanos y otros familiares) estuvieron ahí para apoyarlo, como siempre lo han hecho, y verlo recibir el premio.

“En medio de un ambiente en el que todavía los estudiantes y los educadores ven con miedo a la matemática, es refrescante ver a un joven con tanta pasión que pueda aportar a otras áreas”, destacó durante la ceremonia Giselle Tamayo, presidenta del comité científico del Conicit.

El galardón Twas-Conicit se instauró en 1989 como un estímulo para la comunidad de jóvenes científicos costarricenses. Pueden participar menores de 40 años que trabajen y residan en el país. Cada año se establece la disciplina a la que está dirigida el certamen (se rota entre Biología, Química, Física y Matemática). Hasta el momento, 25 científicos lo han recibido.

Publicado en La Nación