Podrían ser los nietos de Daniel A. Carrión. Ellos buscan salidas a los males que atañen a miles de peruanos: la hepatitis B y el cáncer de cuello uterino. Sus investigaciones significan también ahorros sustantivos frente a las pruebas tradicionales.

Por esas coincidencias, Jeel Moya Salazar y Víctor Rubio –de 23 y 27 años de edad, respectivamente– estudian la maestría en Bioquímica y Biología Molecular en la Universidad Peruana Cayetano Heredia. Ambos son los ganadores peruanos del concurso Bayer Young Community Innovators (BYCI), de la firma Bayer.

Jeel Moya investiga el ‘Diagnóstico ecológico del cáncer de cuello uterino’. “Dentro de los problemas de salud pública, después del TBC y el VIH, el cáncer de cuello uterino afecta a la mayor parte de la población”, explica el joven tecnólogo médico. En mayo viajó a Estados Unidos para participar del proyecto Marte, de la Nasa, donde evaluó las bacterias que los astronautas pueden movilizar en sus ropas.

Estos jóvenes tienen otro disco duro. En la mente de Jeel, las soluciones para la salud de millones no deben de atentar contra el medioambiente. Él trabaja en una prueba de Papanicolaou –para el diagnóstico del cáncer de cuello uterino–, reemplazando los reactivos tóxicos que desde 1940 se utilizan, por otra que opta por una coloración ecológica cuando se detecta el Papilomavirus Humano.

Dato adicional, el costo de este Papanicolaou ecológico hecho en el Perú, que el año pasado ya dio sus frutos, permitirá bajar de 20 dólares de la prueba tradicional a 7 dólares. Un ahorro de más del 60%.

Hace cinco años, Jeel se sumó a las investigaciones de Víctor Rojas Sumarán, tecnólogo médico del hospital San Bartolomé, buscando un diagnóstico ecológico, preocupados porque cientos de litros de reactivos se botan al agua y al mar, además de causar un daño en la salud ocupacional: los técnicos que a diario se exponen a esos reactivos, en unos años desarrollarán cáncer.

Con chicha morada

En la Argentina, Rojas Sumarán probó con éxito un modelo de coloración alemana, junto con Jeel Moya modificaron el modelo reemplazando el ácido clorhídrico, amoniaco y óxido de mercurio con la chicha morada. Lo leyó bien, chicha morada.

En el 2014, Moya y Rojas lograron obtener el patrón “gold standard” probando cada etapa con publicaciones en revistas científicas. Tras ello, su Papanicolaou ecológico pudo aplicarse el año pasado en 75,000 muestras del hospital San Bartolomé y su red. El diagnóstico fue evaluado con médicos especialistas del área y el comité de ética del nosocomio. “Se demostró los resultados de coloración tóxica como ecológica, son completamente iguales”, cuenta Jeel.

Prueba beneficiosa

Para Moya, los beneficios de la coloración ecológica se enumeran: 1) Los nosocomios evitarían el trámite de comprar los reactivos tóxicos, favoreciendo su economía. 2) Se gana en salud ocupacional porque los trabajadores ya no se expondrán diariamente a estos reactivos tóxicos (se ha logrado reducir de ocho a tres el número de alcoholes que intervienen en la muestra; y el tiempo: de 40 a 7 minutos). 3) Se beneficia el medioambiente porque no se botará los tres reactivos (ácido clorhídrico, amoniaco y óxido de mercurio) y las farmacéuticas producirán menos activos tóxicos y reducirían sus emisiones de CO2.

Hay vacíos que preferimos no mirar. “Hemos revisado manuales de citología de 15 países para diagnóstico de cáncer y ninguno, ni la Sociedad Americana, dice nada sobre la contaminación con los reactivos tóxicos”, sostiene Jeel.

Siguientes pasos

En su guía 2014, la Sociedad Americana de Cáncer propuso elaborar en conjunto las estrategias de la prueba Papanicolaou con la prueba molecular. Al doble esquema se le llama cotestage y se aplica en cuatro hospitales de Estados Unidos y uno de China.

“Nosotros (el hospital San Bartolomé) queremos ser los primeros en aplicar el cotestage, sumándole dos beneficios más: una prueba de Papanicolaou ecológica y un diagnóstico georreferenciado, porque los primeros beneficiados serían vecinos de los asentamientos humanos de Pachacútec y Ventanilla”, adelanta Jeel Moya.

Cuenta que el Instituto de Salud de Cáncer de Río de Janeiro (Brasil) quiere implantar este método ecológico el próximo año en Río de Janeiro, Sao Paulo y Porto Alegre. Para ello, Moya y Rojas viajarán a Brasil a dictar un taller de implementación a médicos y citotecnólogos.

A la par, Moya y Rojas trabajan para pasar la técnica de Papanicolaou ecológico de pruebas manuales a equipos automatizados que realicen la coloración ecológica en forma masiva.

El sueño de ambos científicos es que se masifique el método. “Queremos que la Organización Panamericana de la Salud en su guía sugiera que este método es alternativo al método tradicional de Papanicolaou. Y que puede ampliarse para los distintos tipos de cáncer cuyas pruebas tienen que colorear y utilizan reactivos tóxicos”.

2. 

La preocupación académica de Víctor Rubio –traducida en su tesis de maestría en Bioquímica y Biología molecular– es la generación de nanocuerpos, estas moléculas que se diseñan a partir de los anticuerpos que poseen los camélidos y permiten conocer sobre la presencia de antígenos en el torrente sanguíneo.

Víctor va a utilizar esta tecnología para detectar la hepatitis B en poblaciones. “Hay una la alta incidencia de la hepatitis B, sobre todo en las zonas más pobres del país. Y esta correlación es porque no tienen acceso a vacunas de buena calidad, las vacunas no se refrigeran adecuadamente y se malogran. Sucede bastante en la selva”, cuenta.

A favor tenemos la alpaca, un camélido que viviendo en espacios no estresantes sirven para trabajar los nanocuerpos, que permitirán ahorra el 90% de lo que cuesta un test tradicional para detectar la hepatitis B. Es decir, bajar de los 70 u 80 soles actuales a un test cualitativo que, igual de confiable, vale entre 7 y 10 soles.

Lo que Víctor Rubio propone es elaborar un test tipo deepstick con nanocuerpos, no los tradicionales hechos de anticuerpos. Con tiras reactivas que se sumergen en la orina, parecido a los test de embarazo. La ventaja de los nanocuerpos, cuenta, es que tienen una mayor resistencia a los cambios de temperatura, ideal para nuestra difícil geografía.

“Si se tiñe una raya, quiere decir que es negativo, no hay hepatitis; si es dos rayas, quiere decir que el test es positivo. Los test están hechos de anticuerpos, ahora se propone hacer de los nanocuerpos”, explica. “Lo óptimo sería que el Estado se interesara ofrecer estos test a las personas de bajos recursos, de manera gratuita en postas, como sucede con la detección de las enfermedades de transmisión sexual”, explica Víctor.

Le interesa seguir un doctorado en Biología y Ciencias de la Vida. Le interesa seguir un doctorado en ingeniería de tejidos y medicina regenerativa; producir órganos fuera del cuerpo e implantarlos en las personas que lo necesiten. Ese será su siguiente paso.

DATOS: 

En octubre, Moya y Rubio participaron en el Foro ‘Soluciones para una vida mejor’, donde se reunieron con jóvenes ganadores del BYCI de Colombia, Ecuador y Venezuela.

En el hospital San Bartolomé se evalúa el 35% de la población de Lima (incluye las redes de Lima Norte y Centro).

Víctor Rubio elaborará un test con nanocuerpos, cuyas moléculas se diseñan a partir de los anticuerpos que poseen los camélidos, para detectar la hepatitis B.

Publicado en El peruano