El mosasaurio fue uno de los más grandes animales del período Cretácico, hacia el final de la era de los dinosaurios. Muy similares a los actuales lagartos, sin embargo, a diferencia de estos, sus extremidades evolucionaron como aletas, y poseían una larga cola para nadar. Algunos alcanzaron tamaños verdaderamente colosales, como el Tylosaurus, regularmente mencionado en los libros de criaturas prehistóricas.

En 2010, una expedición de científicos chilenos a la isla Seymour, al norte de la península antártica, descubrió los restos fósiles de un enorme animal de 66 millones de años, y que sospechaban podía tratarse de un mosasaurio, o lagarto gigante del mar.

Hasta antes de este hallazgo, el mayor mosasaurio conocido en la Antártica era el Taniwhasaurus antarcticus, un depredador con un cráneo de unos 70 cm de largo.

Si bien el equipo dudó que su hallazgo se tratara de un mosasaurio, sobre todo, porque existen pocos de esta especie en la Antártica, tras años de análisis concluyeron que sí se trata de una especie y género nuevos, con un cráneo de 1,2 metros y un largo total de 10 metros, que lo convierten en el más grande descubierto hasta hoy en la Antártica y en todo el Hemisferio Sur. Su estudio fue publicado ayer en la revista Cretaceous Research.

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Aunque el animal es similar a los gigantes de América del Norte, como el Tylosaurus, tiene rasgos únicos que justificaron que se le diera un nuevo nombre científico.

Por ello fue bautizado Kaikaifilu hervei, por Kai-Kai filú, la poderosa serpiente marina de la cosmología mapuche, y por el explorador chileno Francisco Hervé.

Antártica cálida

La especie vivió cerca del final de la era de los dinosaurios, cuando la Antártica era un ecosistema mucho más cálido, y se alimentaba de reptiles marinos por filtración.

“Encontramos parte del cráneo, varios dientes y parte del brazo. Lo encontramos erosionándose en la superficie. El cráneo tendría cerca de 1,2 m, lo que es equivalente al tamaño del cráneo de un Tyrannosaurus rex”, explica David Rubilar, jefe de paleontología del Museo Nacional de Historia Natural y parte del equipo que hizo el hallazgo.

Buscando otras especies, Rubilar relata que junto a Rodrigo Otero (el otro de los investigadores) fueron a prospectar un lugar donde días antes habían encontrando abundantes restos de reptiles marinos. “De repente Rodrigo me llama para mostrarme un enorme fragmento óseo que, al verlo en detalle ¡era parte de un cráneo!”, relata. “La sorpresa fue mayor cuando encontramos dientes asociados que claramente nos indicaban que se trataba de un mosasaurio. Aunque el fósil era fragmentario (además del cráneo encontraron parte del hueso del brazo) pudimos recuperarlo y transportar con esfuerzo sus enormes huesos en roca a través del suelo lodoso de isla Seymour”, dice Rubilar.

Publicado por C. Espinosa y P. Lazcano en La Tercera