Cuando era niña y le preguntaban qué quería ser cuando creciera, Carla Laucevicius contestaba: bióloga que trabaje con aguas residuales. Esa aspiración infantil, aunque no ejecutada al pie de la letra, la ha llevado a convertirse en una de siete ganadores de ‘Innovadores Menores de 35 Centroamérica 2016′, de la revista MIT Technology Review en español .

Hoy la representante de nuestro país presentará su proyecto en la Universidad Rafael Landívar de Guatemala, en el marco del festival de emprendimiento e innovación, Héroes Fest Guatemala, liderado por el Ministerio de Economía bajo el formato de iNNpulsa Colombia.

DE LA MEDICINA A LAS AGUAS RESIDUALES

Su trayectoria la ha llevado de una manera poco convencional a liderar Toth Research & Lab, la empresa panameña de investigación privada que desarrolló un producto innovador. Se trata del Bio Toth, un ‘pool’ de bacterias que permite disminuir considerablemente la cantidad de grasa en las aguas residuales de la ciudad de Panamá.

Laucevicius se formó en medicina en la Universidad Latina de Panamá, pero por ser brasileña no pudo ejercer su profesión. Eso la llevó a tomar una especialización en radiología industrial en la Universidad Paulista de Brasil y al retornar al Istmo estableció un departamento de innovación y desarrollo en la compañía de su padre, el creador de un sistema de tratamiento de aguas residuales.

A través de una convocatoria de la Senacyt en 2010, la joven de 35 años logró equipar su primer laboratorio, en donde inició un proyecto de reuso de nitratos en agua residual. Fue producto de estas primeras investigaciones que su equipo descubrió que la planta no generaba nitratos —uno de los principales fertilizantes para la agricultura— por causa de las grasas residuales.

‘Para las plantas de tratamiento es un gran desafío qué hacer con el nitrato generado por la degradación de la materia orgánica’, dice Laucevicius. ‘Si se va a un cuerpo de agua, causa el crecimiento de algas y la mortandad de los peces. Hay gente que utiliza el lodo que producen las plantas de tratamiento como fuente de nitrato para la agricultura, pero eso está contaminado con otros elementos. Mi proyecto era tratar de sacar los nitratos en una etapa previa’.

BACTERIAS CÉDULA 8

La investigadora descubrió que las grasas residuales entorpecían a los microorganismos que generaban el nitrato. ‘Los microorganismos son como nosotros, se comen la grasa y quieren quedarse ahí, gordos y perezosos’, explica.

Al ver esto, su equipo decidió experimentar con microorganismos especializados en la eliminación de grasas. Esto permitiría a los microorganismos productores de nitratos hacer su trabajo. Sin embargo, se dieron cuenta de que más del 80% de los productos de este tipo en el mercado no funcionaban.

Dado que los microorganismos se especializan conforme a lo que tienen en su entorno, comprendieron que muchos de estos productos importados no funcionaban porque venían de procesar otros tipos de grasa.

‘Decidimos entonces buscar los microorganismos ‘cédula 8′, señala Laucevicius.

Tomando muestras en distintos centro comerciales descubrieron a los microorganismos nativos de Panamá, los aislaron y los colocaron en un medio enriquecido. A través de un proceso similar a la selección natural lograron conseguir una fórmula final que contenía a los más fuertes y eficientes.

Esta misma técnica la emplea cada vez que un cliente le pide ayuda. Con su equipo evalúa la grasa específica del lugar e identifica a los microorganismos mejor adaptados para eliminarla.

‘Con eso ganamos el premio de innovación empresarial en el 2015 de la Cámara de Comercios e Industria de Panamá y la Senacyt’, destaca. A partir de entonces, Toth Research and Lab empezó a crecer más.

CIENCIA QUE RESUELVE

Para ella, la ciencia no tiene por qué mantenerse en las universidades. Más bien debe utilizarse para prestar soluciones a las problemáticas existentes. ‘Hay tantos problemas reales en que la gente improvisa y donde una investigación enfocada te puede brindar una solución buena’, insiste.

Con esta visión, ha comenzado otros proyectos con el apoyo de la Senacyt. El primero para hacer mediciones de carbono en los manglares de Juan Díaz, en función del cambio climático. Laucevicius detalla que los manglares absorben cinco veces más carbono que los bosques tropicales.

‘Nadie sabe por qué y creo que los microorganismos que habitan allí son los que favorecen eso. Queremos identificarlos y ver si el impacto de la contaminación que Juan Díaz tiene afecta al microorganismo’, expresa la joven de 35 años que también cuenta con una maestría en gestión ambiental de la Ulacit.

Un segundo proyecto le permitirá trabajar en los manglares de Chame para identificar a los microorganismos que ayudan a reducir los metales pesados. ‘Los manglares son los mejores reductores de metales pesados, los cuales están muy interrelacionados con el cáncer. Si encuentro un microorganismo que elimina los metales pesados, ponerlo en una planta de tratamiento sería de un beneficio inestimable’, subraya.

La científica concluye que le gustaría que su laboratorio se convirtiera en un referente para la región, destacando que el premio de hoy es para todo su equipo.

Publicado en La estrella de Panamá