La tasa de asistencia del grupo al aula máter era de 9,5% en 2006; mientras que en 2015 llegó a 24%. Los jóvenes se sienten integrados.

Edwin Maldonado Muenala nació en Otavalo y es hijo de un tejedor, pero hace un año emigró a Guayaquil para convertirse en ingeniero.

Él es uno de los 11 estudiantes que se autoidentifican como indígenas en la Escuela Superior Politécnica del Litoral (Espol).

Edwin, de 19 años, cursa el primer semestre de la carrera de Ingeniería Naval. Desde que ingresó a la institución comparte con sus compañeros salidas al cine después de clases.

Esto refleja que, además de acceder a la formación de tercer nivel, se ha integrado sin dificultades. “Antes de ingresar al centro temía que me discriminaran, pero me dieron una ‘bofetada’, porque aquí (Guayaquil) todos me acogieron”.

De acuerdo con el Consejo de Educación Superior (CES), entre  2006 y 2013 la tasa de asistencia  a la educación superior pasó de 9,5% a 17,5%.

Rafael Correa, Presidente de la República, en 2015, precisó en el enlace de los sábados que ya se llegaba a 24%.

Edwin habla quichua. Eso -cuenta- causa curiosidad entre sus  compañeros. “Cuando llegué, me preguntaban de dónde soy. Me pedían que les enseñara a decir te quiero en quichua. Luego se los decían a las chicas”.

El aspirante a ingeniero, por la humedad del puerto principal, tuvo que  cortarse la trenza; sin embargo, en cada exposición o presentación (formal) de un proyecto va ataviado con su traje blanco y alpargatas. “Soy un politécnico más”.

En otra universidad estudia Luis Pilatuña Caranqui, quien también se autoidentifica indígena. Su papá es agricultor.

Hace dos años dejó la comunidad  Pompeya (provincia de Chimborazo) para estudiar en la Universidad Politécnica Salesiana en Guayaquil.

Él, de 21 años, se perfila como comunicador social. Cursa el cuarto semestre de la carrera.

Luis jamás se ha sentido discriminado en el aula máter. Sus compañeros también lo integran en cada trabajo grupal.

Además, “juego fútbol con mis amigos, tengo un grupo de WhatsApp para intercambiar tareas y los docentes son mis amigos, me  felicitan porque estudio”.

Uno de sus planes profesionales -cuenta- es convertirse en comentarista deportivo en su idioma.

El artículo 30 de la Ley Orgánica de Educación Superior (LOES) señala: las universidades y escuelas politécnicas están obligadas a destinar el 10% de cuota de becas a estudiantes matriculados en programas académicos de cualquier nivel, que por su origen socioeconómico, etnia, género, discapacidad o lugar de residencia, entre otros, tengan dificultad para mantenerse y terminar exitosamente su carrera.

Progreso en los últimos años

Para el máster José Naula, quien es rector de la Unidad Educativa Intercultural Bilingüe Santiago de Guayaquil, hay más integración del colectivo a las universidades.

Naula, de origen puruhá (Chimborazo) y quichua-hablante, considera que el pueblo indígena antes daba poca importancia a la educación superior. Solo se dedicaba a la agricultura.

Pero en la última década -afirma- la etnia ha entendido que la mejor herencia para los hijos es la educación. “Ahora hay interés por prepararse, ya no solo quiere cursar la universidad, sino que desea un título de cuarto nivel. En la unidad donde laboro, por ejemplo, hay 4 docentes con maestrías. El 30% restante (200) está gestionando una”.

Miriam Ilvis, de 28 años, es una de ellas. Esta madre soltera, del pueblo puruhá, en los próximos meses iniciará la maestría en educación inclusiva y atención a la diversidad (Universidad Laica Vicente Rocafuerte).

Pero ella sí enfrentó dificultades en su pregrado. En la universidad donde estudió sus compañeros la subestimaban. “Creían que no rendiría igual que los demás estudiantes. Éramos mal vistos, pensaban que la mujer solo servía para estar en el mercado y los hombres para ser cargadores de mercancía”.

La nueva generación -expresa- es  más segura al pisar la universidad. “Quiero que mi hijo exprese con orgullo su idioma quichua”. (I)

Hay 370 millones de integrantes del colectivo

Este año -informó la ONU- el Día Internacional de los Pueblos Indígenas está dedicado al derecho a la educación.

El organismo recalcó que el acceso está garantizado en la Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas.

En el artículo 14 reza: “Los pueblos indígenas tienen derecho a establecer y controlar sus sistemas e instituciones docentes que impartan educación en sus propios idiomas, en consonancia con sus métodos culturales de enseñanza y aprendizaje”.

El Objetivo 4 de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible insta a asegurar el acceso igualitario a todos los niveles de la enseñanza y la formación profesional para las personas vulnerables, incluidos los pueblos indígenas.

La entidad expresó, en un comunicado, que a pesar de lo dispuesto en estos instrumentos, la mayoría de los pueblos indígenas no puede ejercer plenamente  dicho derecho y existen graves disparidades en materia de educación entre los pueblos indígenas y la población en general.

“En muchas regiones del mundo carecen de datos desglosados que podrían revelar la situación exacta de discriminación y marginación de los pueblos indígenas”. Según las Naciones Unidas, en el mundo hay 370 millones de indígenas que viven en 90 países.

Aunque representan el 5% de la población mundial, la etnia constituye el 15% de los más pobres. “Hablan una abrumadora mayoría de los  idiomas que, según las estimaciones, se utilizan en todo el mundo. Se recomienda que los niños, jóvenes y adultos indígenas reciban formación en su lengua materna”. (I)

Publicado en El Telégrafo