Carlos Díaz Molina es un profesional multifacético: Además de matemático, catedrático universitario y Actuario en seguros es agricultor, gran deportista y también es amiguero, parrandero, platicadorazo que siempre carga en la cabeza tres ideas y dos proyectos que van encaminados para reconocer los méritos inadvertidos de algunos guatemaltecos, que llevan una vida llena de méritos, que no ponen atención a los bemoles de la fama. Es extremadamente modesto y hasta un tanto tímido, diría yo.

Es cobanero de pura cepa, y nació en el seno de una familia de 11 hermanos. Situación que le beneficia desde niño, por contar con tantas expresiones de cariño a su alrededor. Está casado, desde hace muchos años, y sus hijos son personas profesionales y de bien. Con una serie de contratiempos se graduó en la secundaria, ya que él mismo me contó que, de todo hacía, menos estudiar, pero que cuando llegaba la noche anterior a los exámenes estudiaba intensamente y así ganaba los cursos. Los maestros se sorprendían ante aquel ejemplo de “pelex” que al final ganaba los cursos muy bien. Se graduó de Matemático en la universidad Del Valle en el año 1975, y dio muchos años clases en distintas universidades.

Por su edad o por sus múltiples relaciones, encuentra los méritos de otros conciudadanos que se entregan a una profesión, un deporte, una afición artística y engrandecen el buen nombre de Guatemala. Le apasiona su vida cívica. Paralelamente a sus responsabilidades no está tranquilo si no lo mueve un pensamiento de solidaridad y reconocimiento con los demás. Así lo conozco, desde hace más de cuarenta años, y he observado esa entrega, esa misión que se ha propuesto, sin duda, desde que fue muy joven.

En eso estuve pensando anteayer miércoles durante el acto de la Convivencia que organiza Seguros Universales para reconocer a los mejores estudiantes de secundaria, de todo el país, que participan en la Olimpiada Nacional de la Ciencia, actividad de estímulo que se viene realizando desde el año 1985 ya formalmente. La compañía de seguros se ha hecho cargo desde el 2004. La competencia está totalmente establecida en el sistema educativo. Ahora participan más de 15 mil jóvenes, que compiten en la mayoría de establecimientos para llegar a la escala superior.

Ahí estaba Chaly y algunos de sus colegas organizadores de esas olimpiadas que, sin mucha perorata, idearon una actividad que uniera a los jóvenes más inteligentes que estudian secundaria. Fue gracias al entusiasmo de varios catedráticos universitarios que, como él desempeñan bien su misión de formadores. Así se crearon y se mantienen estas competencias en ciencias: Química, Física, Biología y Matemáticas. El primero que hizo la propuesta a sus colegas fue el ingeniero Máximo Letona y le siguieron, Carlos Berges, Miguel Ángel Herrera, Leonel Morales y Fernando Díaz, todos profesionales de la San Carlos. Después se unieron Héctor Centeno, Eduardo Álvarez y Carlos Díaz. –Si no mencioné a otros, por favor que me disculpen–. Ya corría el año 1986 y, desde entonces, esa olimpiada ha sido un verdadero estímulo para los jóvenes inteligentes y decididos a conquistar la vida, para convertirse en profesionales capaces, en busca de nuevos y mejores horizontes.

De lo que yo me acuerdo es que fue de los primeros impulsores de la Media Maratón de Cobán; de la campaña del rescate de la marimba, como instrumento nacional; de la campaña de atención a los jubilados en la Gobernación de Guatemala 1994-95; de la gestión de un reconocimiento para Teodoro Palacios Flores; del reconocimiento a los Guatemaltecos Ilustres, que es tan aceptado, y no sé cuántas gestiones más, porque él no me quiso contar. Pienso que la vida de las personas que actúan como el matemático Carlos Díaz Molina, representan cantos de vida y esperanza para que forjemos una Guatemala que también ponga una mirada en las personas que construyen un mejor país, y así le demuestran su respeto y su cariño. Así es que, en este mes de la patria, le escribo estas palabras a Chaly, como mi homenaje a todos los que como él creen, aman y confían en nuestro futuro.

Publicado en El Periódico