Mashi es un Robot de Asistencia Multipropósito para el estudio de la Interacción Social Humano-Robot. Mide 1,50 cm y pesa 30 kilogramos.

Mashi, que significa ‘amigo’ en quichua, puede hacerse autorretratos, mantener una conversación y hasta estrechar la mano de quien se le acerque.

El uso de autómatas en las actividades de la vida diaria de las personas deja de ser algo futurista para convertirse en una realidad, e incluso podrían utilizarse como acompañantes de las personas en los momentos de soledad.

¿Puede un androide despertar la empatía de un ser humano y remediar la soledad?

Dennys Paillacho, creador de Mashi, asegura que para cumplir con el rol de acompañante y así aliviar la sensación de soledad de una persona, un robot debe ser capaz de empatizar con una persona. “Y para ser empático el robot debe reconocer las emociones y sentimientos de las personas a través de la interpretación del lenguaje verbal como del no verbal, y a partir de ahí actuar de manera asertiva. Por la complejidad que esto implica, en la actualidad no existe aún un robot social que logre empatizar en su totalidad en el ámbito doméstico. Pero a eso se apuesta”.

Explica que Mashi no tiene forma humana, sin embargo, a la gente le gusta socializar y mantener una interacción con él.

El experto agrega que hay la tendencia de llevar la tecnología robótica a los hogares. “Nosotros no vivimos de forma individual sino en sociedad. Allí es que nace la robótica social, donde los robots interactúan con las personas en entornos habituales”, señala Paillacho, quien es investigador del Centro de Investigación, Desarrollo e Innovación de Sistemas Computacionales (Cidis) de la Escuela Politécnica Superior del Litoral (Espol), en Guayaquil.

En países como Japón es frecuente ver que los usan en industrias, terapias para niños y adultos mayores. Para 2019, Kamame Hayashi prepara el lanzamiento de un nuevo robot capaz de entender parte del lenguaje verbal y del no verbal.

Tendrá una talla inferior a los 120 centímetros de Pepper (creado por Hayashi), el primer autómata capaz de interpretar las emociones y el lenguaje humano y que en 2015 fue comercializado.

Según este ingeniero mecánico nacido en Aichi (centro de Japón), el nuevo autómata podría ocupar el mismo lugar de las mascotas en muchos hogares, pero con “funciones aumentadas”, como: motivar a la hora de hacer ejercicio físico, acompañar en tareas rutinarias o ayudar a reducir el estrés a través de juegos y entretenimiento.

María Luisa Meneses, líder del área de Salud Mental del Hospital Guayaquil, explica que no se puede ver como algo terrible el hecho de conectarse con máquinas, pero sin perder la humanidad, porque lo que se trata es de ofrecer algo que a una persona le cuesta hacer como es el acercamiento con otros. Aclara que eso no va a sustituir las relaciones de un padre a hijo o de un familiar.

“Las máquinas son alimentadas con situaciones del entorno que van a permitir tener un respuesta casi humana con las personas a las que acompañarán. El humano identifica situaciones suyas y recibir lo que necesita”.

Recuerda que la inteligencia artificial ha sido utilizada por años a través de los videojuegos y cascos virtuales, como terapias en pacientes con autismo y con fobias, entre otros.

En cambio, para la psicóloga Rosa Cepeda, del Hospital Teodoro Maldonado, para que se dé una empatía entre un robot y un humano este debe ser sensible, es decir detectar el sentimiento real.

“El ser humano no solo necesita algo físico sino algo que hable y que pueda hasta adivinar sus emociones. Esto porque con el transcurrir de los años el ser humano no expresa las emociones reales sino que se las guarda y eso lo vuelve más complejo”.

Según el psicólogo clínico Jorge Luis Escobar, la soledad es un sentimiento de agonía que hace que pensemos que necesitamos de compañía.

“Ver a la soledad desde la melancolía y tristeza de sentirnos acompañados o sentirnos gratificados permite que este tipo de accesorios (robots) ocupen un lugar privilegiado o protagónico en nuestra vida. Una cosa es que necesiten de asistencia y otra que dependamos de eso para sentirnos a gusto con nosotros mismos”.

Sin embargo, Hayashi deja claro que no le interesan las máquinas que sustituyen o emulan labores humanas, sino aquellas que pueden ayudar a sentirnos mejor. “No hay muchas empresas tecnológicas trabajando para cubrir necesidades humanas básicas, como la de afecto o la de aceptación social”.

Datos

La palabra robot fue introducida en la literatura en 1920, en la obra R.U.R. (Rossum’s Universal Robots), de Karel Čapek, quien llamó a su máquina robata, palabra que en el idioma checo que significa trabajo.

En 1960, nació Shakey, un robot montado sobre ruedas, provisto de una cámara de televisión y de un microprocesador.

La primera industria en utilizar robots fue la automovilística, encabezada por la General Motors. El costo por máquina fue entre $ 40 y $ 100 mil.

Publicado en El Telégrafo