En el histórico poblado de Gamboa, ubicado a unos 27 km de la ciudad de Panamá, un grupo de investigadores rescata, mantiene y reproduce especies de anfibios en peligro de extinción, que han sido capturados en sitios naturales del país, para garantizar su sobrevivencia y reintroducirlas, en un futuro, en zonas donde han desaparecido.

Este esfuerzo se sustenta en la actual crisis, que muchos científicos llaman la sexta extinción masiva de la biodiversidad, donde de las más de 7 mil 391 especies reconocidas de anfibios en el mundo, 38 han sido clasificadas como extintas, 1 como extinta en la naturaleza y 120 no han sido observadas en su hábitat desde hace más de 5 años. Más de 3 mil 100 especies están declinando en número y muchas de sus poblaciones han desaparecido.

Panamá no escapa de esta realidad. Según el Plan de Acción para la Conservación de los Anfibios de 2011, de las 197 especies de anfibios registradas a esa fecha en el país (incluyendo ranas, salamandras y cecilias), el 25% está en peligro de extinción. Algunas especies como la carismática rana dorada ( Atelopus zeteki), símbolo nacional, se creen extintas en su hábitat silvestre, ya que no han sido vistas en su medio natural desde 2009.

En el mundo, las poblaciones de anfibios han disminuido de manera alarmante debido al cambio climático, la deforestación, la pérdida de su hábitat, el comercio ilegal y enfermedades, como la causada por el mortal hongo quítrido.

Gamboa es un conocido destino ecoturístico y científico. En 2015 allí se inauguró un centro para desarrollar estudios como parte del Proyecto Rescate y Conservación de Anfibios de Panamá (PARC, por sus siglas en inglés), que empezó en 2009. Este centro es administrado por el Instituto Smithsonian de Investigaciones Tropicales (STRI) y trabaja en colaboración con instituciones internacionales. Sus instalaciones incluyen un edificio con oficinas y siete contenedores de carga que han sido habilitados como laboratorios para la cría y reproducción de ranas y de insectos para alimentarlas. Anteriormente, el centro había operado en el Parque Municipal Summit.

“Nuestro objetivo para los próximos 5 años es manejar 12 especies que, por su vulnerabilidad, son prioritarias. Queremos reproducir al menos 500 individuos de cada una”, detalla la bióloga panameña Gina Della Togna, quien realiza su postdoctorado en el Center for Species Survival del Smithsonian Conservation Biology Institute en Estados Unidos y en el centro del proyecto PARC de Gamboa.

Para ampliar y sostener el proyecto se buscan fondos a través de patrocinadores, donantes y becas. A futuro, se quiere adecuar una zona de exhibición para crear conciencia sobre la importancia de los anfibios en los ecosistemas, como indicadores ambientales, depredadores de insectos perjudiciales para el ser humano (como los mosquitos que transmiten dengue y zika) y presas de otros animales.

Antes de entrar a ver las ranas, hay que quitarse los zapatos como medida de bioseguridad. Una vez capturados, los animales son puestos en cuarentena antes de ingresarlos a la población en cautiverio, explica Della Togna. Se les asigna un número para identificarlas y a su descendencia. Para poder devolverlas a la vida silvestre en el futuro, deben tener una diversidad genética alta y un buen estado de salud.

En Gamboa, actualmente se manejan ocho especies de anfibios en peligro. En el contenedor tres está la Atelopus varius, cercanamente relacionada con la rana dorada. Mientras conversamos, se escucha el canto de otras ranas que están en los tanques de vidrio, escondiéndose entre las bromelias. También hay tanques vacíos que más adelante acogerán a nuevas generaciones de ejemplares, que serán producidos por técnicas de reproducción artificial.

Un karaoke de grillos nos recibe en el contenedor cuatro. Al entrar en el cinco, el olor a rancio del medio donde se crían las moscas de la fruta, en frascos, es desagradable, pero el olfato se acostumbra en unos minutos. Las moscas están en el menú de las ranas, así como las larvas y adultos de grillos. “Cada animal en sus distintas etapas de desarrollo consume un alimento distinto, ya sea larvas de mosca, moscas juveniles, adultas, grillos, etc.”, dice Della Togna.

En el contenedor 6 se escucha el goteo del agua. Hay unos 11 anaqueles con tanques de vidrio que tienen luz ultravioleta B y un sistema de riego que mantiene la humedad. Un reloj automático ajusta este sistema y hay plantas, rocas o arena, dependiendo de la especie que esté en cada tanque, para semejar su hábitat natural y favorecer su reproducción. En un mueble aparte hay cajas transparentes donde están algunas ranas que reciben tratamiento por distintas condiciones, incluyendo edema (hinchazón).

En el contenedor siete hay hembras con el vientre inflado. Están llenas de huevos. Della Togna explica que algunas ranas depositan sus huevos en el agua. Estos se ven como una cadena de perlitas blancas. El macho monta y “abraza” a la hembra en una posición llamada amplexo y no come hasta que ella ponga los huevos. Cuando la hembra deposita los huevos, el macho libera el esperma en la orina y los fertiliza. Otras especies ponen sus huevos en la arena.

Hay tanques cubiertos con bolsas negras para no perturbar la reproducción. A veces, cuando se ponen juntos el macho y la hembra no muestran interés, quizás porque les faltan elementos que están en la naturaleza y sin ellos no se reproducen. Della Togna ha desarrollado un método que consiste en usar hormonas reproductivas que se inyectan a machos y hembras para estimularlos a reproducirse. En su última visita a Panamá, logró por primera vez estimular la reproducción de pares que han estado en el centro por años sin haberse reproducido naturalmente y cuya variabilidad genética es esencial para mantener una descendencia saludable. Aún está ajustando la dosis para cada especie, ya que el proceso es muy específico para cada especie. “Hemos visto que a algunas les toma un día, y a otras más, pero lo estamos logrando”.

Añade que quizás la población panameña no esté muy enterada de este proyecto y su impacto internacional, “pero es uno de los más grandes del mundo en rescate y conservación de anfibios y los panameños deberíamos estar conscientes y muy orgullosos de su existencia”.

La Prensa