De las más de 50 especies de escorpiones registradas en Colombia, existe una que desvela al Grupo de Investigación en Proteínas de la Universidad Nacional (GRIP) y, en particular, a la candidata a doctora en Ciencias – Bioquímica, Clara Andrea Rincón.

Ella, quien desde sus estudios de maestría en Biología le ha seguido los pasos a estos arácnidos, por el potencial que ofrece su veneno como posible inhibidor del cáncer, encontró uno perteneciente a la familia Buthidae, del género Tityus, que ha copado todas sus horas de trabajo.

Esta especie endémica de Colombia habita, por lo general, los bosques húmedos, a alturas que van de los 1.480 a los 2.850 metros sobre el nivel del mar. Su veneno, aunque no es letal, resulta bastante lesivo para sus víctimas, debido a los componentes bioquímicos. Se llama T. nematochirus y se encuentra especialmente en los municipios de Choachí y Fosca, en Cundinamarca.

El profesor Eduardo Flórez, biólogo del Instituto de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Colombia, indica que este ejemplar es más grande y de color oscuro. Precisamente, su nombre científico se deriva de la característica de sus tenazas largas y delgadas.

Entre las comunidades, estos arácnidos son casi tan temidos como las serpientes venenosas. Según el toxicólogo de la U.N., Javier Rodríguez, pese a que en el país no existe registro de accidentes por envenenamiento debido a su picadura, se conocen los efectos que causa.

En el caso del T. nematochirus, el investigador señala que tiene un veneno más potente que otras especies, sin llegar a ser letal. No obstante, advierte, como se encuentran en zonas rurales y viviendas, es de gran importancia conocer sus componentes tóxicos para adelantar acciones de prevención.

Veneno en experimentación

En el laboratorio, para extraer el veneno, la investigadora aplica una mínima descarga eléctrica en la glándula productora, pero debido a la dificultad para alcanzar la cantidad idónea, el grupo trabaja a escala de micro y hasta nanogramos.

Entre las técnicas para separar los péptidos figuran varios métodos. El primero de ellos, la electroforesis, mediante la cual se identifica y da valor aproximado a los pesos moleculares de péptidos y proteínas. El otro, la cromatografía líquida de alta resolución (HPLC), que permite identificar y separar por tamaño o características la molécula o el péptido específico (en bioquímica se conoce como purificación). Adicionalmente, está la ultrafiltración, realizada a partir de una membrana que tiene el tamaño de un poro específico y permite separar, por centrifugación (revoluciones por minuto), los componentes de acuerdo con su tamaño.

Luego de la purificación, se quiere llegar a la caracterización bioquímica de los péptidos, como pH, estructura primaria e identificación de la función en líneas celulares de cáncer, específicamente en las de colon y próstata, que, en 2011, ocasionaron 3.662 muertes en Colombia, según el Instituto Nacional de Cancerología.

La primera fase, el reto de su tesis doctoral, es identificar el péptido con actividad citotóxica y en qué célula cancerígena puede actuar directamente para frenar su crecimiento; posteriormente, habrá que probar los hallazgos en diferentes animales. Al final, vendría la fase clínica, que podría concluir un medicamento.

La magíster ya ha recorrido aproximadamente el 40 % de su trabajo de grado con el apoyo del GRIP, dirigido por la profesora Nohora Vega y del cual hace parte su director de tesis, profesor Édgar Reyes. En este trayecto, agradece el respaldo que le ha brindado la Universidad de Ciencias Aplicadas y Ambientales (UDCA) -donde es docente- para cursar su doctorado en la U.N., y se muestra optimista por los resultados obtenidos.

“Tenemos cierta concentración de veneno que ha logrado disminuir hasta un 60% las líneas celulares de tumores”, explica satisfecha, al señalar que la acción es altísima.

No obstante, precisa que inicialmente se adelantó la fase experimental con el veneno completo, por lo que ahora se trabaja en identificar si el péptido purificado cumple con la acción exterminadora o citotóxica de las células cancerígenas de colon y próstata.

Precisamente en este momento se está estudiando si los péptidos extraídos son inhibidores de las células cancerígenas. Las reacciones positivas logradas hasta el momento animan a la investigadora a seguir en esta tarea que le ocupa buena parte de su tiempo. “Aspiro entregar toda la parte experimental y seguir con la investigación”, señala.

Al respecto, la profesora Nohora Vega, directora del Grupo de Proteínas de la U.N., afirma que el estudio es interesante porque el veneno de los escorpiones está compuesto de una serie de toxinas y péptidos con una actividad biológica importante.

“En el caso del veneno total de T. nematochirus, además de detectar que disminuye el porcentaje de viabilidad de diferentes líneas celulares provenientes de tumores, principalmente de cáncer de próstata, una fracción de péptidos aislados disminuyeron también la viabilidad de la línea celular HeLa (cáncer de cérvix)”, explica.

El profesor Reyes, director de la tesis doctoral, por su parte, destaca que se trata del primer trabajo realizado en esta línea de investigación en el Grupo. Además, plantea un reto interesante, ya que implica el trabajo con el componente peptídico de las toxinas animales, que es menos estudiado.

El Nuevo Día