Tras la suspensión de Dilma Rousseff, el presidente interino de Brasil, Michel Temer, constituyó un controvertido gabinete y fusionó al ministerio de Ciencia y Tecnología con el de Comunicaciones, lo que generó la reacción de la comunidad científica.

“Não vai ter golpe” (No habrá golpe) fue la frase que resumió el sentimiento de las movilizaciones multitudinarias realizadas en todo Brasil en contra del juicio político a la presidenta Dilma Rousseff. Sin embargo, el pasado 11 de mayo el Senado aprobó el impeachment que suspendió a la mandataria de sus funciones por un plazo de seis meses. Su vicepresidente, Michel Temer, que había roto su alianza con Rousseff unos meses atrás, asumió como presidente interino y sus primeras medidas generaron grandes controversias en Brasil y en toda la región.

Temer asumió el 12 de mayo pasado en una ceremonia realizada en el Palacio de Planalto, sede del poder ejecutivo brasileño, en la que también realizó el nombramiento de los 22 nuevos ministros y desató la primera polémica: los nuevos funcionarios son todos hombres de piel blanca. Hay que remontarse hasta 1979 para encontrar la última vez que las mujeres brillaron por su ausencia en el Gabinete nacional brasileño. Otro aspecto que no pasó desapercibido fue la asunción del empresario de agronegocios Blairo Maggi como ministro de Agricultura, conocido como el “rey de la soja”. Maggi es el mayor productor individual de soja del mundo y ha sido acusado por entidades ambientales como promotor del desmonte en el Amazonas.

En el ámbito científico y tecnológico, el gobierno de Temer decidió fusionar el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI) con el de Comunicaciones. La decisión fue muy criticada por la comunidad científica, que teme un deterioro del sistema científico-tecnológico, que ya venía golpeado tras los recortes de presupuesto que se iniciaron en 2014. El nuevo ministro es Gilberto Kassab (arriba en la foto, saludando a Temer durante su nombramiento), ingeniero civil y economista, que fue ministro de Ciudades de Rousseff y renunció a su cargo el mes pasado, después de que el Partido Social Democrático (PSD), al que pertenece, anunciara su apoyo al proceso de juicio político contra la presidenta.

Kassab, en una entrevista con el programa brasileño de televisión Palabras cruzadas, adelantó: “Mi prioridad es fortalecer Anatel”, en referencia a la entidad estatal que regula las telecomunicaciones del país. Laura Brizuela, magíster en Relaciones Internacionales por la Universidad del Estado de Río de Janeiro, le dijo a TSS: “Esto da dos pautas. Primero, que no comprenden la importancia de la ciencia para el país, o no les importa. Y, segundo, habla de la fuerza que tienen los medios, especialmente la red O Globo, que ejercen una presión extraordinaria en el Gobierno, primero para sacar a Dilma y ahora para recuperar lo que invirtieron”.

Ante este panorama, 14 entidades científicas, entre las que están la Academia Brasileña de Ciencias (ABC) y la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC), enviaron un manifiesto a Temer en protesta por la medida, por considerar que “perjudicaría el desarrollo científico del país”. En el documento, piden preservar el MCTI y reforzar su financiamiento, “para que pueda cumplir eficazmente su misión de beneficiar a la sociedad brasileña con los resultados de la ciencia y la tecnología, y promover el protagonismo internacional del país”.

Además, según el manifiesto, las funciones de ambos ministerios no son compatibles debido a que la diferencia entre sus procedimientos, objetivos y misiones es muy grande. Mientras que el Ministerio de Comunicaciones orienta sus políticas públicas a actividades relacionadas con brindar concesiones y fiscalizar servicios de radiodifusión, la cartera de Ciencia se encarga del financiamiento de institutos de investigación, el armado de redes interinstitucionales de científicos, el fomento a la innovación tecnológica en empresas y el impulso de la investigación científica en áreas tan diversas como nanotecnología, energía nuclear, producción de medicamentos y la protección de la biodiversidad del Amazonas.

En diálogo con TSS, un investigador del Laboratorio de Historia Comparada del Cono Sur (LabConeSul), que solicitó preservar su identidad, explica: “Las fusiones ministeriales, bajo la justificación de racionalizar recursos y aumentar la eficiencia, representan una sumisión financiera y política de un área a otra. En términos políticos, sin un ministro específico, el área científica deja de participar directamente de las reuniones gubernamentales y pierde influencia. En general, los principales perjuicios son la reafirmación del desprestigio de la comunidad científica y la continuidad de una visión utilitarista de la ciencia en Brasil, justamente en un momento en que las actividades científicas, tecnológicas y de innovación podrían aportar contribuciones para salir de la crisis económica”.

En el manifiesto, los científicos también expresan que la creación del MCTI, en 1985, le permitió a Brasil desarrollar un sistema de ciencia, tecnología e innovación de alcance nacional. Lo mismo sucedió, dicen, con la política industrial que el país venía desarrollando en el último tiempo, basada en la mejora de la capacidad innovadora de las empresas, que “solo fue posible por la existencia del MCTI y de su capacidad de articulación entre los universos académico y empresarial”, destaca el documento.

Otro ministerio que corrió la misma suerte que el de Ciencia fue el de Cultura, al que Temer fusionó con la cartera de Educación. La medida fue rechazada por una multitud de artistas e intelectuales. Además, cientos de manifestantes están ocupando instituciones relacionadas con el ámbito de la cultura de todo el país en señal de protesta, incluyendo el exministerio de Cultura. El nuevo ministro de Educación y Cultura es José Mendonça Filho, dirigente del partido conservador Demócratas, que tiempo atrás se mostró favorable a eliminar los cupos para afrodescendientes en universidades públicas y privadas.

Inversión en caída

Más allá de la coyuntura, los científicos brasileños ya venían protestando por la disminución del financiamiento que experimentaba el área, en un contexto de crisis económica generalizada en el que el país se ve envuelto desde 2014. En 2015, el presupuesto destinado al MCTI fue de un 25 % menos que el año anterior. Y, para este año, los fondos disminuyeron un 37 por ciento con respecto al año pasado. “Actualmente, se destina el 1,5 del PBI a ciencia y tecnología y, con la fusión del MCTI, demuestran que quieren sacar todo. Creo que van a profundizar algunas medidas impopulares que había tomado Dilma, pero además van a agregar otras”, opina Brizuela.

El giro que dieron las políticas en apenas una semana han provocado que algunos investigadores comiencen a plantearse la posibilidad de emigrar, como es el caso de Suzana Herculano-Houzel, neurocientífica de la Universidad Federal de Río de Janeiro, que anunció públicamente que dejará el país y comenzará a trabajar en Estados Unidos. “No hay más condiciones para continuar trabajando aquí”, dijo en una entrevista.

Sobre la gestión del MCTI durante los gobiernos de Rousseff y de su predecesor, Lula da Silva, el investigador del LabeConeSul dice que “tiende a ser positiva”, aunque deberán evaluarse los resultados a largo plazo de los programas desarrollados durante sus mandatos. En 2011, Rousseff explicitó la Estrategia Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (ENCTI), que reconocía la necesidad de dominio científico y tecnológico en áreas estratégicas como petróleo, energías renovables, computación, farmacia, biotecnología, aeroespacial y defensa, a fin de incorporarlas a través de políticas industriales y de enseñanza.

“Un ejemplo fue el programa Ciencia sin Fronteras, que tenía como meta conceder más de 100.000 becas de estudio para 2015. Miles de estudiantes de grado y posgrado han sido enviados a estudiar afuera, en las áreas de interés del ENCTI, como una apuesta a que esa inversión, en el futuro, se tradujera en una mayor autonomía científica y tecnológica para el país. Queda la duda de cuánto de esto efectivamente impactará en el desarrollo local a partir de la discontinuidad del MCTI”, reflexiona el investigador del LabeConeSul. Y agrega: “Lamentablemente, la perspectiva parece ser mala. Con una agenda neoliberal, desde el nuevo gobierno puede haber un direccionamiento de los recursos hacia iniciativas privadas. En mi opinión, la comunidad científica debe movilizarse para que, como mínimo, se recupere el estatus ministerial de la ciencia y la tecnología”.

La Comisión de Ciencia, Tecnología, Innovación, Comunicación e Informática del Senado brasileño convocó al ministro Kassab para que el próximo martes 24 de mayo se expida en el Congreso sobre la fusión de los ministerios y exponga los lineamientos de trabajo. También fueron invitados a participar de la reunión algunos referentes de instituciones científicas. “La comunidad científica está con miedo y un poco resignada. Kassab es un político que no sabe nada sobre ciencia. Ese es otro rasgo de este Gobierno: el profundo desconocimiento de los funcionarios sobre los sectores que van a administrar”, concluye Brizuela.

Por Nadia Luna