¡Prohibamos el fracking!

Por Betty Zanolli Fabila

En 2014, gracias al uso masivo del abominable e incosteable fracking como técnica para extraer petróleo y gas esquisto, Estados Unidos (EUA) se convirtió en el principal productor de hidrocarburos en el mundo, aún por sobre Arabia Saudita y Rusia, al haber logrado alcanzar los 11.6 millones de barriles diarios de producción debido al incremento de 1.6 millones que tuvo durante tres años consecutivos. Auge que duró hasta que comenzó la guerra de precios desatada por Arabia Saudita desde la propia OPEP. Así, actualmente, la mitad de su producción proviene de los más de 300 mil pozos petrolíferos que con el fracking se explotan en su territorio. Sin embargo, en días pasados, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) –que regularmente ha trabajado con la Universidad de Colorado, Oklahoma Geological Survey y el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley- de modo contundente, ha reconocido una vez más que la actividad sísmica se ha disparado al mismo tiempo en el territorio norteamericano, principalmente al centro y este de la Unión Americana, al pasar de un promedio de 21 sismos de magnitud tres en la escala de Richter entre 1973 y 2008 a un promedio de 99 de magnitud mayor entre 2009 y 2013, alcanzándose la inusitada cifra de 659 en 2014. La razón de ello: el empleo de la fracturación hidráulica. Oklahoma encabeza la lista de los Estados afectados –seguido por los de Texas, Kansas, Colorado, Nuevo México y Ohio-, al haber pasado de tres sismos de magnitud superior en 2010 a más de 900 en 2015, coincidentes justamente con el inicio de la actividad vinculada al empleo de esta técnica. Y es que para algunos científicos del USGS, los fluidos de los pozos de inyección llegan hasta las fallas tectónicas y las “lubrican”, propiciando con ello la generación de movimientos telúricos. Fenómeno que ha sido detectado en especial en la cuenca sedimentaria de Ratón, ubicada al sur de Colorado y norte de Nuevo México, pero esto es solo una arista del macro problema.

En Europa, Francia fue el primer país en prohibir el empleo del fracking desde 2011, seguido en 2012 por Bulgaria y la República de Irlanda, al igual que Burgos y Cantabria en España, Friburgo en Suiza y Bomba en Italia. Otras naciones han frenado su avance y/o declarado moratorias para su uso, como Alemania, Reino Unido, República Sudafricana, República Checa, Austria, Irlanda del Norte, Escocia y Australia. En América, diversos Estados de los EUA como Vermont, Nueva Jersey, Nueva York, California, Texas, Pennsylvania, Washington D.C., Hawai, Ohio, Nuevo México, entre otros, han también prohibido o establecido moratorias para su empleo, en tanto que Quebec en Canadá y Conco Salto en Argentina lo han prohibido. Recientemente, la Corte Federal de Brasil declarósu prohibición en el Estado de Alagoas, convirtiéndose, con ello, en el quinto Estado brasileño junto con Piauí, Sao Paulo, Acre y Paraná en proscribirlo. El pasado 18 de marzo, desde Bolivia, diversas organizaciones sociales que integran la Alianza Latinoamericana Frente al Fracking (ALFF) promovieron la iniciativa de que los países de la región impidan su empleo, sustentados en la vulneración que provoca a los derechos humanos de las comunidades locales y en la contravención a los compromisos internacionales contra el cambio climático, al provocar dicha técnica, la liberación masiva de gas metano (90 veces más activo como gas de tipo invernadero que el propio dióxido de carbono). Y así podríamos continuar, pero al final todo terminaría lamentablemente siendo estéril, porque en México no tomamos conciencia y mucho menos actuamos para evitar que un flagelo de tal naturaleza llegue a devastarnos.

La semana pasada comentábamos sobre los Estados en los que “oficialmente” Pemex reconoce la existencia de pozos en los que se está empleando el fracking como Veracruz, Puebla, Nuevo León, Tamaulipas, Coahuila y Tabasco, a los que debemos sumar también a Chihuahua, cuyo territorio centro y norte está sujeto a “estudio”, particularmente Ojinaga. Lo delicado del asunto es que en esta región, los casos de cáncer están incrementándose de forma inusitada, como ocurre en distintas zonas de Veracruz como las próximas al río Atoyac, a cuya inédita desaparición aludimos la semana pasada, o en Papantla por cuanto a enfermedades renales.

Y uno se cuestiona: ¿Vale la pena desestabilizar las capas del subsuelo propiciando el desencadenamiento de irremediables consecuencias geológicas de magnitud inimaginable?¿Lo vale el contaminar indiscriminadamente las aguas superficiales, pozos y mantos freáticos subterráneos con desechos y productos químicos tóxicos con impresionante potencial cancerígeno?¿Es justo contaminar el aire de modo irreparable y todo para que los precios del petróleo sigan a la baja mientras el mundo no comprende que la energía fósil es estertor de un pasado que no podrá revivir, porque el mañana debe estar fincado en otro tipo de fuentes energéticas? Sí, cuántas preguntas más podríamos hacernos y todo para que las autoridades federal y local guarden silencio y continúen promoviendo todo tipo de actividades lesivas para la sociedad y el medio ambiente, amparadas en la opacidad y la secrecía. ¡Y cómo no, si apenas nos encontramos en el inicio de su ecocidio! Por ello, aunque el mecanismo de promulgar leyes para intentar resolver cualquier problema es irracional, ha de destacarse la iniciativa de Ley Federal para la Prohibición de la Fractura Hidráulica presentada en el Senado hace unos días por el senador Raúl Gracia Guzmán de Acción Nacional. Partido que si bien avaló, en su momento, en ambas Cámaras, la Ley de Hidrocarburos que dio sustento legal al fracking, de impulsar esta iniciativa contribuiría a rectificar uno de los tantos y más graves errores que en los últimos años se han perpetrado desde el seno mismo de las Cámaras de Diputados y Senadores, para beneplácito del Gobierno federal.

El sol de México