Lino Barañao acaba de llegar de Estados Unidos. De todas las actividades que realizó en su gira oficial como ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva solo menciona una, la reunión de la Asociación Argentina para el Progreso de la Ciencia (AAPC) en Washington. “Están muy preocupados porque se viene un cambio de gobierno allá y querían saber cómo había hecho yo para pasar de un lado a otro”, cuenta mientras se acomoda en el sillón de su oficina en el Polo Tecnológico.

El salto que temen es el del demócrata Barack Obama al xenófobo republicano Donald Trump. Un miedo que compara con el que había en diciembre en Argentina y que él ahora matiza en su carácter de único ministro del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner que mantuvo el cargo. Esa decisión, que define como la más difícil de su vida política, le valió críticas de “ex amigos” y varios disgustos.

“Todo aquel que pueda darse el lujo de ser coherente ideológicamente tiene el deber de hacerlo, yo tengo otras responsabilidades”, le dice a Tiempo antes de señalar que cuenta con el aval de toda la comunidad científica. “Fue una cuestión de responsabilidad, (por eso) me duele que mis ex colaboradores le digan a la (ex) presidenta que no estoy cumpliendo con lo que prometí y que se está perdiendo el proyecto.”

¿Qué fue lo que contó de su experiencia  en la AAPC?

-Yo conté cómo uno tiene que adaptar su personalidad a la idiosincrasia del presidente. Entonces mostraba una foto de Cristina conmigo con una barrita de litio. Porque Cristina tenía una curiosidad principal por la ciencia. Entonces, si uno lograba interesarla en el problema, uno conseguía los fondos. La relación era de uno a uno. Macri, que viene de los negocios, quiere un power point que le diga a dónde querés llegar, en qué tiempo, por qué lo vas a hacer vos y no otro. Uno tiene que ser capaz de adaptarse a esas cosas. Tuvimos que hacer tres reuniones para defender el presupuesto justificando cada uno de los rubros y lo logramos. No tuvimos recortes sustantivos sino cambios de fuentes de financiamiento (NdR: se utilizan más fondos del BID y del Banco Mundial). Pero por otra parte lo que hay es un cambio importante del trabajo en equipo. Yo antes me juntaba con los otros ministros en los actos de gobierno. Ahí se armaba una especie de estudiantina que quizás no se percibía pero donde aprovechábamos para hablar. Ahora hay reuniones de gabinete estructuradas una o dos veces por mes donde uno coordina con otras áreas. Porque nuestro ministerio es de servicios, lo único que le damos a la gente de manera directa es el Centro Cultural de la Ciencia. Lo demás tiene que llegar por Salud, por Agricultura, por Producción, etcétera.

-¿Entonces más allá de la forma de relacionarse con el Poder Ejecutivo no hubo cambios sustantivos en el área?

-Cuando Cristina me convocó me dijo que no quería ciencia motivada por la curiosidad. Quería “ciencia que sirva”. Esa era también mi convicción. Un investigador al que le dieron un premio por su trayectoria recuerdo que dijo “la ciencia es como el sexo: tiene potenciales consecuencias prácticas, pero no es por eso que lo hacemos”. Entonces lo que tratamos con esta inversión, que es costosa en términos absolutos y también relativos (porque el peso invertido aquí no lo pone en una escuela o un hospital), es ser muy responsables. No puede ser solo satisfacer la curiosidad y publicar trabajos científicos.

-¿Y cómo se combina el criterio eficientista con una inversión en ciencia que uno imagina que es a largo plazo?

-Es que nosotros tenemos resultados. Tenemos 12 años de gestión y, con lo invertido, ya vemos los efectos: uno puede mostrar las patentes y esa es la mejor forma de convencer a alguien. No con teoría. La producción científica se puede mide en papers publicados y en la calidad de la revista donde se publican. Si ves los números de artículos en revistas top ten, estos se multiplicaron por siete desde 2003 hasta ahora. Y si ves argentinos en tapas de esas revistas, pasamos de cero a dos o tres por año.

-En su ministerio no hubo despidos ¿La continuidad también se marcó en el equipo de trabajo?

-La gente que se fue es por cuestiones ideológicas. Se fueron cargos políticos que dijeron que con este nuevo gobierno no querían colaborar. Hoy son los críticos de esta gestión, lo que me parece muy bien. Pero todo 2015, por ejemplo, estuve gestionando un aumento que era una jerarquización de los sueldos del CONICET que estaban retrasados respecto de otros organismos como el INTA. Fue una larga lucha con Economía que no solo me dio la mitad de lo que pedíamos, sino que lo hizo en noviembre con lo cual no está en el presupuesto. Así que cuando ahora me pidieron si podía recortar algo yo les tuve que decir que en realidad necesitaba 420 millones más que no tenía y que ya estaba pagando, por lo que no podía volver para atrás. Y me los dieron, lo que no solo hace a mantener la planta que teníamos sino a incorporar a los becarios que estaban comprometidos desde 2015.

-Claudio Fernández, director del Laboratorio de Química y Biofísica Molecular de Rosario, dijo que le habían reducido siete veces el presupuesto que tenía para la realización de un edificio…

-Lo que hubo fue una reducción en el dinero que se mandó en los primeros tres meses. Ministerios enteros se desarmaron y se armaron otras cosas, entonces hubo un tema contable en el que daban lo mínimo que tenían y supongo que eso se irá normalizando. Pero tenemos compromisos de obras que continúan. Son compromisos que tenemos porque siempre para las cosas importantes buscamos dinero de afuera. Yo tengo 50 millones de dólares para construir eso y se va a hacer. Es plata que entra para obra pública que es algo bien visto en esta administración.

-¿Y cómo se explican las denuncias por la suspensión temporal de ARSAT 3 o de Atucha 3 que generaron temores?

-Es importante dar a la brevedad posible una señal de esto porque, por más que se haya aclarado, subsiste (el temor). Hay que ser realista de que hay mucha gente que espera que se autocumpla la profecía. Que está dolida porque se perdió y no le gustaría que las cosas se hagan bien. Siempre exacerban el temor. Es verdad que hay cosas que están pasando, pero es un período de transición. Es como el vaso medio lleno o medio vacío. Hay que ver como evoluciona. Esperemos a ver la película y no la foto.

-Muchas personas que habían puesto al desarrollo científico en el centro de la escena en los últimos años reaccionaron con enfado cuando anunció su continuidad. ¿Cómo lo tomó?

-Cuando decidí seguir la relación de mails de apoyo a crítica fue de 560 a 4. Hoy sigue siendo así, acá y a nivel mundial. Es un muy buen ejemplo para toda América Latina que haya continuidad en la política de ciencia. Sobre todo en esta vuelta neoliberal en muchos países. Por lo menos mantengamos la política de ciencia para que sea irreversible. Yo sigo con el apoyo de toda la comunidad científica. Quizás no son los que salen en la tele, que son mis ex amigos (aunque yo los sigo respetando como tales). El fin de semana que me confirmaron me iba de vacaciones y mi hija llamó para preguntarme qué había pasado. Lo que pasó fue que nunca me habían hecho la oferta y cuando me la hicieron me dijeron cuáles eran las alternativas. Entonces hablé con la (ex) presidenta y le dije: “me ofrecen esto y estas son las alternativas”. Ella me dijo que agarrara.

-¿Y cuál era la alternativa?

-Que esto se desarmaba, básicamente. Toda la gente que estaba conmigo se iba y, sin ellos, no íbamos a tener fondos del BID. Yo creo que otra persona acá hubiera sacrificado presupuesto y gente con tal de insertarse adecuadamente. Yo no solo tengo 13 años de compromiso con esta gestión sino que por 18 años fui presidente de la asociación de personal de CONICET. Desde mis 30 años vengo luchando por lo mismo. Por eso fui elegido ministro y por eso me siguen respaldando. Las muestras de adhesión son unánimes. Todos los que dependen de un subsidio quieren que siga. Ahora, los que están haciendo otra cosa o no dependen del sueldo de investigación… Todo aquel que pueda darse el lujo de ser coherente ideológicamente tiene el deber de hacerlo, yo tengo otras responsabilidades.

-¿Fue el momento más difícil políticamente que le tocó vivir?

-Sí, la decisión no fue nada fácil. Fue una cuestión de responsabilidad. Se lo dije a Cristina. Es como si dejáramos Atucha y llegara alguien a tocar un botón y volara todo. No podemos arriesgar eso. Y ella me dijo que tenía razón. Yo soy coherente y me duele que mis ex colaboradores le digan a la presidenta que no estoy cumpliendo con lo que prometí y que se está perdiendo el proyecto. No es así. Me duelen esas declaraciones.

Javier Borelli – Tiempo Argentino