Su uniforme lleva en el costado izquierdo del pecho la bandera de Colombia. A su alrededor, un escenario aislado de actividad humana, de suelo rojizo, donde abundan las rocas y se levantan pequeñas colinas. Parece otro planeta: Marte.

Llevar al hombre a suelo marciano es el mayor reto de la exploración espacial. Pero aún está lejos. Científicos, en conjunto con agencias espaciales y empresas privadas, trabajan para asegurar las condiciones de una tripulación que tendría que viajar cerca de un año solo para llegar al cuarto planeta de nuestro Sistema Solar. El propósito, sin duda, es traerla de regreso, lo que prolongaría la misión por más de dos años.

Como parte de la preparación, proyectos como Moonwalk realizan pruebas en escenarios de nuestro planeta análogos a ambientes del pasado de Marte. Esta iniciativa, que completa tres años de trabajo, es financiada por la Unión Europea y tiene como socios a Space Applications Services (Bélgica), Comex (Francia), el Centro de Astrobiología de España, Airbus, Liquifer y DFKI (Alemania). Su propósito es desarrollar tecnología para simular actividades extravehiculares (EVA, por su sigla en inglés), también conocidas como caminatas espaciales, en lugares de Europa que compartan condiciones con el planeta rojo y la Luna.

La semana pasada, el equipo de campo, conformado por cerca de 25 personas, entre astrobiólogos e ingenieros, llegó a Riotinto, una zona de España muy particular por su semejanza mineralógica con Marte. “Aquí hay formas de vida que se llaman extremófilas y son bacterias, básicamente, que se alimentan del hierro. No es común encontrarlas en la Tierra, por lo que si hay vida en Marte o la hubo pensamos que son este tipo de criaturas las que vamos a encontrar”, explicó Diego Urbina, ingeniero electrónico colomboitaliano, y quien lleva en su uniforme esa bandera de Colombia.

Durante esta semana han simulado las tareas que tendría la tripulación que llegue a Marte: asegurar el lugar para trabajar; registrar videos y fotos para enviarlos al centro de control, y sacar muestras de la superficie.

“Lo primero que estamos probando es un hábitat, donde pueden vivir dos personas por un periodo limitado de tiempo. Es del tamaño que podríamos esperar tendría una base en Marte o en la Luna”, añadió Urbina en diálogo con EL TIEMPO.

El módulo se despliega solo y una vez está listo, el astronauta ingresa. Tiene dos camas, una cocina pequeña y dos laboratorios pequeños. Su diseño fue resultado de otro proyecto europeo, desarrollado por arquitectos espaciales.

Sobre las puertas del módulo se conectan los trajes espaciales, que deben permanecer afuera para evitar contaminación en la base. Esos trajes, aunque no son reales, simulan las dificultades de movimiento que tendrían los de una misión verdadera.

“Tenemos un robot que se controla con un computador y que fue fabricado también para comunicarse con el centro de control de la misión, en Bruselas (Bélgica). Ese mismo computador, en el traje espacial, permite obtener parámetros de salud del astronauta, quien es continuamente monitoreado”, añadió Urbina.

La recolección de muestras es una de las actividades más importantes y para facilitarla, el robot cumple una función de acompañamiento tan fiel como la de un perro cuando sale a caminar con su amo. Además, carga herramientas, levanta y transporta las muestras, y toma fotografías.

A diario –dijo Urbina- realizan dos o tres caminatas, con una duración de una hora. “Hay que cambiar de astronauta en la mitad de la caminata porque el traje espacial pesa entre 30 y 40 kilos, lo que hace difícil trabajar con él. Pero eso es precisamente lo que queremos analizar, las dificultades que se tendrían y ver cuál es el mejor modo de trabajar”, señaló el colombiano, quien además de participar en las caminatas se encarga de varios sistemas, así como del alistamiento del computador y de la verificación de las comunicaciones y la telemetría.

Todo en la simulación ocurre en tiempo real. Incluso, en las comunicaciones hay un retraso de 7 minutos con el centro de control, lo que ocurriría al enviar señales desde Marte.

El trabajo de campo en Riotinto se extenderá hasta este viernes y luego el equipo tendrá un mes para preparar las simulaciones en Marsella, que serán bajo el agua, en junio próximo. “En ese caso no habrá retraso en las comunicaciones, pero tendremos distintos retos porque es un ambiente extremo, debajo del agua. Yo estaré en el barco pero aún no sé si vaya a hacer pruebas”, agregó.

Tras el ejercicio de Marsella, el equipo procesará la información y se espera que resulten varias publicaciones en revistas especializadas. “Lo que nos queda del proyecto es también la experiencia práctica y la infraestructura, que a futuro tendrá mejoras. En este momento son cosas que solo se pueden usar en la Tierra, por lo que tendremos que trabajar para llevarlas al espacio”, apuntó el colomboitaliano.

Nicolás Congote Gutiérrez – El Tiempo