“Señor presidente, es necesario que todo el país, en general, y nosotros como científicos y miembros de la Academia Colombiana de Ciencias en particular, conozcamos su posición frente a esta contradicción en este crucial tema del cual depende el desarrollo sostenible de Colombia”. Así termina la carta que los científicos colombianos dirigieron al primer mandatario a propósito del polémico diseño de la doble calzada de la carretera 4G que une a Barranquilla con Santa Marta.

Los científicos calificaron de “peligrosa” la visión expresada por el vicepresidente, Germán Vargas Lleras, y la ministra de Transporte, Natalia Abello, según quienes tanto el Parque Isla de Salamanca como la Ciénaga Grande de Santa Marta, sitios incluidos en la clasificación de humedales Ramsar, son un obstáculo para el diseño definitivo de la vía.

La semana pasada, al referirse a la división de opiniones sobre la construcción de la vía, la ministra de Transporte dijo: “Estamos altamente preocupados por la situación, por lo que no descansaremos ni escatimaremos esfuerzos”. Dejando en claro que la vía que atravesaría uno de los ecosistemas más frágiles y valiosos del Caribe es una prioridad, por encima de otras consideraciones.

Pero para Gonzalo Andrade, Julio Carrizosa, Ernesto Guhl, José Lozano, John Lynch, Germán Poveda y Frank Stiles, miembros de la Comisión Permanente de Áreas Protegidas, una rama de la Academia de Ciencias encargada de asesorar al Gobierno en la declaración de áreas de interés ecológico para el país, “lo mínimamente correcto sería diseñar infraestructuras viales que no riñan con las áreas protegidas ya declaradas”.

Los errores del pasado, le recordaron al presidente Santos, que datan de los años 50, cuando se decidió atravesar la vía por el ecosistema de la Ciénaga, ya causaron la muerte de miles de hectáreas de manglar en la zona. También recordaron el compromiso adquirido por el Gobierno ante la comunidad internacional de extender en 2,5 millones las hectáreas actualmente protegidas en el país. “Ante las declaraciones como las de su vicepresidente y su ministra, ¿tendría algún sentido seguir pensando en la declaratoria de las nuevas áreas protegidas?”, concluye el documento.

El Espectador