En el fondo blando, arenoso y fangoso del océano, que rodea la costa Caribe de Colombia, habitan 627 especies de peces, que se clasifican en 330 géneros, 140 familias, 37 órdenes y cuatro clases.

Esto se sabe gracias a una reciente investigación de la Universidad Nacional, recogida en el Atlas de la ictiofauna demersal de fondos blandos del Caribe continental colombiano.

La idea del atlas es registrar la biodiversidad que habita entre los 0 y los 1.800 metros en nuestro mar Caribe. Para esto, analizaron investigaciones y reportes desde 1960 al 2010 de la presencia de estos animales.

“Por cada vez que se encontró un pez en los registros, se buscaron las coordenadas geográficas asociadas: longitud, latitud, profundidad y fecha. Esa es la virtud del libro. Pueden existir listas, pero con la información geográfica se puede saber cómo están distribuidos y tener una referencia histórica”, explica Camilo Bernardo García, profesor del Departamento de Biología de la Universidad Nacional y editor del catálogo, junto con la investigadora Dolores Armenteras, experta en sistemas geográficos.

Al compararlo con mares como el Mediterráneo, que tiene una extensión de 330.000 km y alberga cerca de 650 especies en todos sus ecosistemas, el piso marino del mar Caribe es de tan solo 32.000 kilómetros cuadrados y alberga 627 especies nada más en el fondo.

“Cuando se piensa en el mar, uno imagina las zonas vegetales, los corales y las zonas de playas, pero realmente el hábitat más extendido, donde realmente está la biomasa, es llamado los fondos blancos, que se caracterizan por ser arenosos, fangosos y que no tienen rocas”, explica García, y agrega que estos ecosistemas son más del 90 por ciento de la superficie del mar.

Según el atlas, entre las más de 600 especies se destaca el pargo rayado (‘Lutjanus synagris’), de lejos el pez más abundante en estas áreas, debido a que fue el que tuvo mayor número de registros de su presencia con una latitud y longitud asociadas. Para todas las especies, la investigación hizo 13.767 registros. Al pargo rayado le siguen la mojarra plateada, el salmonete, el casabito, el pargo cunaro, el pargo palmero, el pejepuerco, el ojo’e plato, el machuelo y el cofre.

Todas estas especies, además de ser evidencia de la biodiversidad, son parte fundamental de la alimentación de los pueblos caribeños. De acuerdo con datos de la Autoridad Nacional de Acuicultura y Pesca, en el Caribe colombiano hay unos 40.000 pescadores artesanales y nada más en el 2014 se contabilizaron unas 1.760 toneladas de pescado desembarcadas. Sin contar con el subregistro.

Universo desconocido

A pesar de todos estos datos, aún “se está lejos de una caracterización completa” de las especies que habitan los fondos blandos.

“Decir que no conocemos nuestro mar no es tan preciso. Hay información dispersa. Ahora, es cierto, que en la medida en que profundizamos, el conocimiento va a ser cada vez menor, porque las exploraciones han sido menos. El mar territorial de Colombia es bastante extenso y los verdaderos fondos casi no se conocen. Según nuestro análisis, en las áreas más someras es posible que haya especies que no hayamos detectado todavía”, sostiene García.

Esta falta de conocimiento es más pronunciada al sur del Caribe, por ausencia de centros de investigación y baja presencia académica. En el centro-norte se ubican el Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar), la Universidad Nacional de Colombia y la Universidad del Magdalena.

Para el caso de los tiburones y las rayas, ya se están analizando los lugares donde aún no está completo el conocimiento. En cuanto a los tiburones, de 64 áreas analizadas, en 10 de ellas ni siquiera se conoce el 50 por ciento de lo que puede haber.

“El país no ha contado con una política regular de exploración y evaluación (…). La falta de evaluaciones regulares independientes de la pesquería es una de las dificultades en la administración de los recursos pesqueros”,explica el documento.

Lo que se viene

De acuerdo con el Invemar, la región biogeográfica del Caribe es la región marina más rica en especies endémicas, solo ubicada después del océano Índico Pacífico y del Pacífico Occidental Tropical, y seguida por el Pacífico Oriental Tropical.

Una investigación sobre el Subsistema de Áreas Marinas Protegidas en Colombia de esta institución señala que “es probable que Colombia sea uno de los países del continente americano con el más alto índice de biodiversidad marina; sin embargo, su alcance está lejos de ser bien conocido”.

Se estima que las áreas marinas que están protegidas representan cerca del 8 por ciento en el Registro Único de Áreas Protegidas (Runap) y el 62 por ciento de los ecosistemas marinos y costeros están subrepresentados en el sistema de Parques Nacionales Naturales.

La expectativa de los investigadores es que este atlas les sirva de insumo a las autoridades ambientales para identificar esos puntos ‘calientes’ de biodiversidad y evitar que la alteración física de los hábitats, la contaminación, la presencia de especies invasoras, el cambio climático y la extracción desmedida de los recursos de pesca los sigan afectando.

“Si una especie en los años 70 y 80 era muy frecuente y observamos que en décadas más recientes no está, y es de consumo regular, pues debe ser un llamado de alerta para las autoridades”, precisa García.

Otra pregunta que deja la investigación es cómo el cambio climático ha impactado a estos fondos del mar. Según informes de organismos multilaterales, hay indicios sobre la relación entre el calentamiento global y la migración de especies de peces por la temperatura y la acidificación.

Laura Betancur Alarcón – El Tiempo