Natalya Victorovna Likhanova pertenece a la Gerencia de Ingeniería de Recuperación Adicional de Hidrocarburos del Instituto Mexicano del Petróleo (IMP); no obstante, antes de llegar a esa área, donde actualmente encabeza dos importantes proyectos para optimizar el aprovechamiento del petróleo, tuvo que sortear diversos obstáculos.

En entrevista con la Agencia Informativa Conacyt, la investigadora, quien ha ganado el premio que la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) otorga a investigadores jóvenes, relató cómo fue su etapa de estudiante, en qué momento descubrió su vocación científica y cómo su incursión al campo laboral la trajo a suelo mexicano.

Su formación académica

Aun cuando es de nacionalidad rusa, la doctora Likhanova cursó sus estudios de licenciatura en Ucrania, en la Universidad Nacional de Farmacia. “Lo que estudiamos allá, en comparación con las carreras que hay en México, sería un similar a la licenciatura de químico farmacéutico industrial”.

Al referir los motivos que la llevaron a estudiar en Ucrania explicó, con tono de seriedad y nostalgia al mismo tiempo, que al terminar sus estudios de nivel secundaria eligió una universidad que pertenecía a la Unión Soviética; sin embargo, fue justo ese año cuando esta última se separó.

“Recuerdo que terminé mis estudios (de secundaria) en 1991 y me inscribí a la universidad en verano, pero ya para el otoño, cuando ingresé, se había suscitado la trágica historia de la división de la Unión Soviética, así que la universidad que elegí quedó en la nueva Ucrania”.

Pese a ello, aseguró que eso no fue una complicación en su formación y que, por el contrario, se siente muy agradecida con Ucrania, ya que fue ese país el que le dio la oportunidad de cursar una carrera de manera gratuita e incluso hacer una maestría y doctorado en esa universidad y hacerlo con el apoyo de una beca.

Al preguntarle si recordaba en qué momento descubrió su vocación y tras dibujar una sonrisa en el rostro, la doctora respondió visiblemente emocionada que siempre fue buena alumna en materias como química, biología y matemáticas; no obstante, la biología quedó descartada cuando se enfrentó a experimentos con pequeños animales muertos, los que tenía que abrir para estudiar.

Entretanto, al analizar la posibilidad de estudiar química o matemáticas, dijo que no quería irse a las áreas tradicionales, sino a aquellas donde el conocimiento adquirido tuviera alguna aplicación. “En realidad no quería estudiar química clásica o matemática clásica, sin aplicación; sin embargo, en la ciudad donde nací (una ciudad provincial) no había muchas opciones, así que me mudé a una ciudad que me gustó más y donde sí se encontraba la carrera de farmacia”, explicó la doctora Likhanova entre risas.

Primeros contactos con el mundo de la investigación

Al explicar en qué momento se acercó al mundo de la investigación, señaló que la naturaleza de la carrera que estudió la llevó a entrar en contacto con la investigación muy pronto. “Hacíamos muchas prácticas de laboratorio, estábamos siempre en el laboratorio y ello, aunado a la necesidad de realizar una tesis de titulación y posteriormente la de maestría y doctorado, me permitió comenzar a investigar muy joven”.

Recordó que sus primeros trabajos científicos fueron en torno a la síntesis de amidas. “Aun cuando tuve la opción de titularme por promedio o aplicando un examen, elegí hacer una tesis donde estudié amidas sobre ácido malónico. Este tema de amidas se volvió transversal en todos mis estudios, ya que las seguí trabajando durante mi maestría y mi doctorado”.

¿Cómo su incursión en el mundo laboral la trajo a suelo mexicano?

Una vez que la doctora Victorovna Likhanova concluyó su doctorado, contó que en la escuela se buscaba una persona que sintetizara aminas con aplicación en la industria petrolera para utilizarlas como inhibidores de corrosión. “Cuando terminé, la misma universidad me contrató y trabajé dos años como profesora”.

Comentó que tras esos dos años como docente, sintió que necesitaba un cambio en su vida, algo que le permitiera realizar más investigación, así que solicitó un programa posdoctoral en el Instituto Mexicano del Petróleo y tras nueve meses de espera fue aceptada. “Vine a México incluso con el boleto de vuelta a los seis meses; no obstante, una vez instalada en el país, decidí que me quedaría y dejaría perder ese boleto de vuelta”.

Al expresar qué la motivó a quedarse, dijo que de manera inicial no fue su experiencia en el campo laboral, ya que su primer año fue difícil, pues tuvo que enfrentarse a un par de compañeros hostiles e incluso machistas que no tenían la menor intención de hacer equipo con ella.

“Fue el país, fue México como país lo que me gustó, incluso recuerdo que comentaba con mis amigos y familiares, ‘México es un país para extranjeros, porque los mexicanos son muy tolerantes y muy afectivos con los visitantes, aceptan a extranjeros, aceptan a la gente con discapacidad, en fin, son tolerantes, son muy agradables’, eso me enamoró”.

Vicisitudes laborales

Afirmó que a su arribo al IMP le tocaron un par de compañeros que eran bastante agresivos, “no me aceptaban como extranjera, como mujer, como un similar profesional. Caí en un ambiente muy machista en ese momento”. Incluso, reconoció que en algún momento analizó la posibilidad de salir del IMP.

“En aquel momento recibí una oferta para integrarme a la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) con una plaza de profesor invitado; sin embargo, al mismo tiempo el IMP abrió otras plazas y fui invitada para trabajar con esas nuevas plazas, así que me quedé y hasta la fecha sigo aquí. Fue un proceso que duró aproximadamente cuatro años, desde mi arribo a la estancia posdoctoral hasta que fui contratada”, resumió.

Contribución científica a México

De acuerdo con la investigadora, estabilizar su situación laboral en el IMP en gran medida fue consecuencia del trabajo realizado hasta ese momento. “Primero yo trabajaba en la síntesis de inhibidores de la corrosión de acero, línea en la cual aún sigo trabajando y de la que se desprende una patente y varios artículos publicados”.

Asimismo, recordó que comenzó a trabajar con líquidos iónicos, trabajo que les permitió identificar su gran potencial para extraer, para procesos de desulfuración, deshidrogenación y también para mejorar el fluido y la extracción de metales pesados, mejorando así la calidad del crudo obtenido.

“Cuando comenzamos a trabajar en el mejoramiento de fluidos, me introduje en el tema hasta que le propuse a mi jefe una nueva línea de investigación. Entonces surgió un proyecto en torno al uso de emulsiones para optimizar la recuperación petrolera, el cual está a punto de concluir con resultados muy satisfactorios, sobre todo en el entorno actual donde los precios del petróleo experimentan una crisis y donde es fundamental contar con procesos de extracción más eficientes y mucho más económicos”.

Incluso, dijo que dicho proyecto representa el trabajo que más satisfacciones le ha dado porque fue el primer proyecto que ella dirigió. “En otros proyectos trabajas para otras personas, siempre estás guiado, pero cuando es tu idea, tú decides la dirección y los resultados son consecuencia de tu idea y tus decisiones”.

La vida más allá del laboratorio

Al expresar qué tan difícil ha sido empatar su vida profesional con la personal, la doctora señaló que la clave del éxito ha sido jerarquizar sus prioridades, en la cual su familia está un paso adelante del trabajo; no obstante, explicó que eso en ningún escenario significa dejar de ser profesional.

“Mientras estoy en mi trabajo, me concentro en ello y me olvido de los temas familiares”, dijo y precisó después que hacer de su familia su principal prioridad representa el motor que la impulsa a seguir adelante cada día en su vida laboral, aun en los momentos de adversidad.

“Soy mamá de dos hijos y sí ocupan mucho tiempo, incluso podría decir que soy una persona muy hogareña (…) pero separar la vida personal del trabajo es fundamental para que haya un balance realmente efectivo”, concluyó.

Conacyt prensa