Con notables cejas amarillas y cuerpo camuflado, investigadores colombianos confirman una nueva especie de rana que agranda la familia de anfibios mundiales.

Este descubrimiento indica la riqueza y salubridad de los ecosistemas de la cordillera oriental colombiana.

Controladores de plagas, así son estos anfibios que aportan nutrientes al suelo que habitan.

Una nueva rana terrestre habita los páramos del complejo Iguaque Merchán, al norte del municipio de Arcabuco (Boyacá), la Pristimantis macrummendozai, especie que desde ahora ingresa al registro del mundo científico tras exploraciones geográficas de investigadores del Instituto Humboldt en la cordillera Oriental de Colombia.

Esta rana, por ahora no calificada bajo amenaza, se destaca por la capacidad de conservar la humedad gracias a los pliegues de su piel, adaptarse a las áreas planas, secas y rocosas, una coloración oscura y camuflada que le permite absorber calor en el frio de los páramos y esconderse de sus predadores, y la presencia de discos reducidos en las extremidades delanteras que le facilitan, entre otras cosas, trepar y esconderse en las rocas.

A diferencia de otras, la Pristimantis macrummendozai aprovecha el ambiente húmedo en los páramos para depositar huevos en tierra y así reproducirse, razón por la cual carece de almohadillas nupciales en las patas delanteras –un mecanismo similar al velcro con las que muchas ranas macho retienen a la hembra, escurridiza, para aparearse en ambientes acuáticos–.

Con este hallazgo, ya suman 10 las especies de ranas de lluvia entre otras, que viven y se reproducen exclusivamente allí, asociadas a los ambientes de alta montaña de la cordillera Oriental colombiana, que reúne 16 complejos de páramos como Chingaza, Santurbán, Almorzadero, Cundinamarca, Guantiva–La Rusia, Tota–Bijagual–Mapamacha, Pisba, Cruz Verde–Sumapaz.

Y es que, al parecer, las alturas desde los 3500 metros ofrecen las condiciones para la reproducción de la nueva especie, así lo demuestra un informe publicado en www.batrachia.com, portal colombiano que compila información de fauna anfibia del país y que a la fecha registra 204 variedades de estas ranas, 40 de ellas distribuidas en 36 complejos con presencia de bosques altoandinos.

Andrés R. Acosta Galvis, curador de Colecciones Biológicas del Instituto Humboldt, afirma que, si bien son esperanzadores estos descubrimientos, “el país requiere aún de un arduo trabajo de campo por la cantidad de zonas con vacíos de conocimiento, el número de colecciones científicas con especies sin estudiar dado los limitados estudios morfológicos y moleculares, lo que supone posibles sorpresas y aportes futuros de Colombia para la ciencia.

A nivel mundial, este tipo de descubrimientos ubica a Colombia entre los cinco países más megadiversos. En el caso de los páramos, demuestra que los complejos de alta montaña equivalen a “islas geográficas” que son nicho de especies únicas, imposibles de encontrar en sitios semejantes, lo cual evidencia la necesidad de protegerlos y de continuar con el inventario de diversidad en estas áreas.

Desde esta perspectiva, hallar nuevas especies en ambientes aislados de páramo augura sorpresas una vez se exploren por completo a lo largo y ancho del territorio nacional. Por ahora, la tarea de documentarlas es el primer paso para conocer la riqueza y diversidad de los ecosistemas terrestres y construir y alimentar el inventario que es la base científica de la megadiversidad.

Humboldt