El museo de Quai Branly, a un par de cuadras de la torre Eiffel, fue el escenario elegido para que Colombia se comprometiera  a reducir la deforestación de la Amazonia. A cambio de esa tarea, noruegos, ingleses y alemanes entregarán US$100 millones. La buena noticia, que se venía cacareando desde hace más de dos años, se hizo realidad con el convenio suscrito esta semana.

Pero los planes de Colombia van más allá del proyecto Visión Amazonia. Lo que ayer presentó el Gobierno fue una ambiciosa estrategia bautizada Colombia Sostenible, un fondo que acogerá varias iniciativas. La idea es que en los próximos 15 años este fondo engorde hasta llegar a unos US$2.500 millones. De estos, US$600 millones serían aportados por cooperantes internacionales.

Luis Alberto Moreno, director del Banco Interamericano de Desarrollo, habló sobre este y otros temas. Dice que los economistas no pueden cerrar los ojos a la realidad ambiental del mundo.

Lo primero que piensan muchas personas cuando les dicen que los europeos van a donar US$100 millones para cuidar los bosques de Colombia es que hay gato encerrado. ¿Qué ganan estos países donando ese dinero?

Estos países, que están en un proceso de industrialización muy superior, son en gran parte responsables de las emisiones de CO2 que están poniendo en riesgo a países como Colombia. De los diez países más vulnerables al cambio climático, la mitad están en Latinoamérica. ¿Por qué contribuir? Le diría que los países industrializados están dispuestos a pagar para reducir esas emisiones, la mejor manera de almacenar CO2 en las selvas.

¿Cree que los economistas por fin están escuchando los consejos de los ambientalistas?

He sido un convencido de estos temas. Es cierto que era un tema de gueto de ambientalistas. Pero creo que la ciencia y los hechos son tozudos. Revisemos lo que le cuesta al país, por ejemplo, un invierno tan violento como el de hace cinco años. O los efectos de El Niño, que afectan la producción de energía hidroléctrica y nos obligan a producir energía con combustibles fósiles que tienen costos altísimos. Ningún economista puede cerrar los ojos a esa realidad.

¿Cómo evitar que este dinero se quede en la mitad del camino, en burocracia, y llegue a las comunidades?

Hemos querido asesorar al gobierno colombiano para construir un fondo con un gran nivel de ambición que sirva para la reintegración de casi cinco millones de desplazados por violencia. Esas zonas de Colombia a las que migraron son las que más peligro tienen, pero también oportunidades. Peligro si se hace una agricultura no sostenible. Lo que hace el BID es ayudar a construir la institucionalidad. Hemos dado toda la estructura para que Colombia haga algo con un alto nivel de ambición, como conseguir US $2.500 millones en 15 años.

Insisto: un problema es que hay una gran brecha burocrática entre los que quieren donar y los que lo necesitan. Un ejemplo sencillo es que a París, donde se firmó el acuerdo, no vino un solo representante de las comunidades indígenas que son dueñas de gran parte del territorio que se pretende cuidar. Parece que no están conectados los dos extremos de este asunto.

Esa conexión se tienen que generar. Y ese diálogo le corresponde al Gobierno. Lo primero que debe hacer es demostrar que es creíble, que mañana puede decir que con un millón de dólares pudo evitar tantas toneladas de CO2, que la producción agrícola se hizo de tal forma, que reforestó o que se protegieron unos bosques. A partir de ese momento les corresponde a las instituciones y gobiernos locales trabajar con las comunidades para integrarlas a estos procesos.

¿Cómo cree que un acuerdo de cambio climático en París, que busca limitar emisiones de CO2, afectaría a Colombia? Vivimos de vender carbón y petróleo…

Es difícil que en 20 años el carbón tenga el peso que tiene hoy. Eso es un hecho. Aquí debe venir todo un cambio tecnológico importante. Que se desarrolle una manera de capturar y almacenar emisiones de CO2. Eso sería importante. Si se encuentra la forma de almacenar carbono, el carbón colombiano tendrá mejor suerte.

Mientras aquí se celebra un acuerdo para proteger bosques, por otro lado se aprueban leyes y estrategias que van en contravía de una economía baja en carbono. ¿Cree que los políticos son totalmente conscientes de cambiar el modelo de desarrollo?

Estos son asuntos que a mucha gente le pueden parecer etéreos, y es más fácil hacerse el de las gafas, no mirar estos temas con seriedad. Pero no hay alternativa. En el mundo vivimos todos. Qué saca Costa Rica si en el año 2021 es carbono neutro, pero los demás no contribuyen. Se puede hacer mucha politiquería. Pero la buena política es tener una visión y también ver una oportunidad. Si como país perdimos el tren de la Revolución industrial, no podemos perder el tren de toda esta revolución tecnológica verde.

Da la impresión de que estamos confiando demasiado en solucionar los problemas ambientales con tecnología y no con cambios de hábitos, culturas y un modelo de desarrollo.

Eso nos pasa a todos. ¿Cuándo nos preocupábamos de la dieta y el ejercicio? Los problemas en la sociedad se arreglan cuando la gente comienza a hablar de ellos. Sin conciencia colectiva es difícil avanzar. Estos procesos los tienen que liderar los gobiernos.

El Espectador