Hasta el 21 de este mes en las islas Galápagos se registraban 14 especies de tortugas (cuatro de ellas ya extintas). Después de una investigación que duró 8 años, científicos nacionales y extranjeros lograron identificar una nueva especie. Se trata de Chelonoidis donfaustoi, nombre dado en honor a Fausto Llerena, el histórico custodio del solitario George, quien desde 1971 hasta 2014 trabajó en la conservación y la restauración de las poblaciones de tortugas gigantes del archipiélago.

Jorge Carrión, director de Gestión Ambiental de la Dirección del  Parque Nacional Galápagos (DPNG), informó que la nueva especie fue identificada en el lado este de la isla Santa Cruz. En ese lugar se conocía de la existencia de dos poblaciones de reptiles que pertenecían a la misma especie (Chelonoidis porteri), pero el trabajo genético determinó que se trataba de un nuevo ejemplar.

Luego del descubrimiento, la primera pregunta que surge es, ¿por qué es tan importante la nueva especie? Más allá de que siempre el ecosistema y sus cuidadores, los ambientalistas, se alegran al identificar una especie porque será posible su conservación, en el caso de las tortugas hay razones de peso para congratularse.

Todas las tortugas en general, incluida la nueva especie, se denominan ‘ingenieras de los ecosistemas’ porque son animales grandes que actúan como dispensadores de semillas. Además, al caminar, modifican los ecosistemas, pues por donde pasan hacen canales con sus patas, los cuales son utilizados para que otras especies menores transiten. Estos espacios también son utilizados por la flora para crecer ahí.

¿Cómo se la reconoció?

Una de las cosas que permitió el descubrimiento fue el caparazón. La Chelonoidis donfaustoi, al igual que la Chelonoidis porteri, tiene una cubierta de tipo cúpula.

La diferencia es que la coraza de la nueva especie tiene una curvatura hacia arriba en la parte final, mientras que en la especie conocida la curvatura es hacia abajo.

El biólogo marino Julio Pastor, de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador (PUCE), explicó que dependiendo del hábitat de las tortugas pueden reconocerse 3 formas básicas de caparazón. Las que viven en zonas húmedas, como Santa Cruz e Isabela, tienen el carapacho tipo cúpula, con gruesas patas y cuellos más cortos porque encuentran el alimento en el suelo.

Mientras que las que están en zonas áridas, como las islas Española, Pinzón y Pinta, tienen el caparazón tipo montura, con patas y cuellos más largos, lo que les permite elevarse para alcanzar la vegetación de los árboles. En un tercer tipo morfológico se ubican las especies intermedias, que habitan en zonas semiáridas como San Cristóbal. Los reptiles de esas zonas tienen un carapacho entre el tipo cúpula y montura y son de tamaño mediano.

El biólogo sostiene que esta diversidad morfológica fue reconocida por Charles Darwin, durante su visita al archipiélago en 1835, y le sirvió como uno de los argumentos para sustentar su teoría de la evolución de las especies.

En cuanto al tamaño de la población de la nueva especie, Carrión aseguró que hay menos de 300 individuos registrados. Como una medida de conservación se realizará un censo poblacional completo de la especie.

Desde hace algunos años se efectúa un seguimiento de las rutas migratorias de las 2 especies de la isla Santa Cruz. Se hace a través de localizadores satelitales (GPS) que fueron colocados en los caparazones de un grupo de tortugas.

A través de un comunicado difundido por la DPNG y el Ministerio del Ambiente, la científica Gisella Caccone, de la Universidad de Yale y quien lideró el trabajo, señaló que la identificación de esta especie aumentará los esfuerzos para proteger y restaurar la población de tortugas de la parte oriental de Santa Cruz.

Destacó que se mantienen los estudios para determinar datos exactos de su distribución, zonas de anidación y amenazas potenciales.

Telégrafo