En los fiordos magallánicos, en el mes de junio un equipo de científicos se encontraron con el trágico hallazgo de 337 ballenas muertas a la orilla de la costa. La noticia provocó alarma mundial, y ahora un equipo de biólogos y oceanógrafos prepara el informe final. La causa más probable sería la intoxicación por marea roja. Del Consejo de Monumentos Nacionales están impulsando la idea de convertir el lugar en una santuario de la naturaleza.

La noticia recorrió el mundo a mediado de noviembre. La revista National Geografic calificó el hecho como el más grande de la historia. Y no era para menos. En el Golfo de Penas, en el extremo austral de Chile, científicos chilenos y extranjeros constataron la muerte de 337 ballenas sei. Cuerpos y osamentas de estos mamíferos decoraban de forma macabra la costa. A partir de ahí se inició una investigación que incluyó equipos científicos multidisciplinarios y también de la Fiscalía de Aysén, ante la posibilidad de estar en presencia de un mega delito ambiental.

Los primeros hallazgos

Los cuerpos de los cetáceos -que provocó alerta mundial debido a que la especie Sei está en peligro de extinción- fueron descubiertos en un primer momento por la bióloga Vreni Haussermann de la Fundación Científica Huinay, quien en un sobrevuelo por los fiordos de la Patagonia, específicamente entre el Golfo de Penas y Puerto Natales, detectó cerca de 30 cuerpos de ballenas muertas en la costa.

La investigación científica, que en ese momento también tuvo una arista judicial, descartó la participación de humanos en el fallecimiento de los animales, siendo una de las hipótesis más cercanas la posible intoxicación de las ballenas a través de algunos elementos patógenos o toxinas presentes en el fitoplancton, muy comunes en la marea roja.

Pedro Poblete, fiscal especializado en delitos medioambientales de la Fiscalía de Aysén, confirma que en esa oportunidad se descartó la intervención de terceros. “Recibimos una denuncia de Sernapesca y de inmediato dimos una orden de investigar a la Brigada de delitos Ambientales de la Pdi, pero no fue hasta que recibimos el informe de los científicos, que pudimos descartar la posible comisión de un delito”, sostuvo.

Mortantad histórica

La biológa, especialista en paleontología dedicada a los mamíferos marinos actuales y fósiles, Carolina Simon Gutstein, de la Universidad de Chile y profesional del Consejo de Monumentos Nacionales, explica que a raíz de los hechos descubiertos en abril, se abocó junto a Haussermann de la Fundación Huinay a la misión de realizar una expedición más extensa en la zona, de muy difícil acceso.

Con la colaboración del Programa de Fondos Waitt de The National Geografic Society para vuelos de observación, los científicos partieron en junio de este año al lugar constatando que no se trataba solo de 30 ballenas, sino de 337 animales que estaban varados en la costa. El mayor hallazgo de ballenas Sei muertas en la historia.

“El lugar es de muy difícil acceso y muy complicado también para los barcos y aviones debido a las tormentas. Como se trataba de los últimos días de buen tiempo de invierno logramos sobrevolar, contabilizando ese número de especies”, explica.

Aunque una investigación como esta demora mínimo un par de años, los científicos apuraron el paso por la preocupación mundial y ahora se preparan para elaborar un informe final que se entregaría en un par de meses. “No podemos adelantar las causas, ya que faltan algunas etapas científicas, pero descartamos la responsabilidad humana”.

La hipótesis que se manejan van desde una enfermedad hasta la contaminación alimenticia con marea roja.

El fiscal Poblete también espera el informe para cerrar la investigación.

Santuario de la Naturaleza

El lamentable deceso de estos mamíferos, sin embargo, está alimentando la discusión en el Consejo de Monumentos para recomendar el lugar como zona protegida por su biodiversidad y para la investigación científica en la categoría de Santuario de la Naturaleza.

“Una noticia tan mala como el deceso puede conllevar una buena como es la posibilidad de investigar a estas especies en una zona tan remota como el Golfo de Penas”, dijo Carolina Simon.

Los cetáceos Sei son grandes ballenas barbadas azulado-gris que filtran el agua para alimentarse de krill y otras pequeñas criaturas. Pueden alcanzar hasta 20 metros de largo y pesar 50 toneladas. Considerado como el más rápido de los cetáceos, estas ballenas pueden nadar a velocidades de hasta 31 millas (50 kilómetros) por hora. Su esperanza de vida es de 50 a 70 años, y por lo general se encuentran en aguas profundas lejos de las costas. La población mundial se estima en unos 80.000.

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