Para una persona con discapacidad auditiva, el español es una segunda lengua. La primera es la lengua de señas. Por eso, servicios como el closed caption de la televisión o la mensajería de texto son inaccesibles para quienes no han recibido educación bilingüe, así como para muchos oyentes puede ser extraño, por ejemplo, el inglés.

Alejandro Cabrera, un caleño de 39 años, de anteojos y pelo rizado, vivió desde la edad de siete en Estados Unidos, un país que, según él, es muy amigable con las personas sordas. Allí se graduó en ciencias administrativas y en 2002 decidió regresar al país, movido por las ganas de aprender la lengua de señas colombiana, porque, así como ocurre con las lenguas orales, la de señas varía de lugar en lugar.

Pero se encontró con un sinnúmero de obstáculos para poder comunicarse: desde ir al servicio de urgencias y contarle a la enfermera qué lo aqueja hasta hacer una llamada telefónica. “Decía: ‘Sobreviviré y lucharé contra las barreras’”, me contó a través de su intérprete. De vuelta al Valle empezó a desempeñarse como docente en la asociación de sordos del departamento y hoy es su vicepresidente.

Asegura que Colombia está un poco mejor que otros países de América Latina, o incluso que Alemania, en materia de accesibilidad para las personas sordas. Mientras en ese país hay que pagar por servicios especiales, que, por demás, a veces no son óptimos, en Colombia existe desde 2001, por iniciativa de la Federación Nacional de Sordos de Colombia (Fenascol) y con el apoyo del Gobierno, el Centro de Relevo, un servicio que hasta ahora era unidireccional y por computador: la persona sorda se comunicaba con los intérpretes en el centro de contacto y desde ahí se hacía el puente con la persona oyente.

Pero ahora, la idea es que sea de doble vía y a través de una aplicación móvil disponible, por el momento, en Google Play como Centro de Relevo. Yo, como persona oyente, puedo llamar a la línea 018000 123181 y ahí el intérprete contacta a la persona sorda que, previa inscripción en la página web http://www.centroderelevo.gov.co/, y con la app instalada en el celular, recibirá la videollamada en su móvil. El lanzamiento por parte del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones (Mintic) fue esta semana, en el marco de la Cuarta Convención Suramericana de Personas Sordas.

“Dependemos mucho de las familias o de los amigos oyentes. Los obstáculos se dan porque la gente no sabe la lengua de señas. Con esta nueva tecnología los rompemos”, cuenta Henry Mejía, director general de Fenascol. Pero, asimismo, la tecnología se ha vuelto una dependencia. “Imagínese usted que mañana se queda sin teléfono, sin internet, ¿qué va a hacer? Es muy difícil no depender de esa tecnología”.

Cabrera, por su parte, señala las dificultades que enfrentan las personas sordas de la tercera edad. No sólo la tienen más difícil por estar menos familiarizadas con las nuevas tecnologías que el grueso de las nuevas generaciones, sino porque, así como sucede con las personas oyentes, la forma de hablar y el vocabulario de los mayores pueden ser diferentes en comparación con los de los más jóvenes. Lo mismo sucede de ciudad en ciudad: cada una tiene regionalismos.

Por eso, hasta que apareció la opción de teletrabajo para intérpretes desde Cali, Cabrera prefería usar el servicio de texto. “Como utilizo lengua de señas caleña, varía la diversidad lingüística y prefiero que no incurran en malas interpretaciones. Con los intérpretes que están en Cali me siento un poco más cómodo para poder empezar a hacer una videollamada”, un servicio que existe desde 2009. “Si uso una seña y necesito decir ‘empresa’, por ejemplo, esa persona en Cali sabrá cómo es la seña que se usa en Cali para ‘empresa’”.

Se calcula que en Colombia hay cerca de medio millón de personas sordas, según el censo de 2005. Pero Fenascol asegura que son muchas más, por eso confía en que la metodología para la medición estadística poblacional del próximo año dé cuenta de eso. Sin embargo, más allá de los números, las personas sordas, según Cabrera, necesitan real inclusión, por ejemplo, con mayor disponibilidad de intérpretes, sobre todo en los discursos presidenciales. De nuevo, no todo el mundo entiende el closed caption. “Ojalá que el Gobierno realmente se rigiera por la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad. Hoy la aplica a medias, porque Colombia no es sólo Bogotá. A nivel regional hay muchas cosas que no se cumplen”.

La inclusión laboral es otra prioridad para Fenascol. “En Colombia ya tenemos política pública nacional sobre discapacidad, reconocen nuestros derechos, pero falta la implementación en todos los niveles: gobierno local y regional. Esto toca llevarlo a un plan de desarrollo, no con enfoque de caridad y ver cómo nos ayudan a nosotros, ‘los pobres sordos’. Necesitamos fortalecer la educación y la calidad de vida”, dice Mejía, y agrega que: “Muchas personas ya están tituladas y tienen muy buena hoja de vida, pero llegan a la entrevista y dicen que son sordas y ahí se ve la primera barrera actitudinal del empleador”.

Hoy, algunas universidades públicas tienen programas incluyentes, pero Fenascol asegura que muchas veces su continuidad depende del presupuesto. De manera que los retos son varios: que la política pase del papel a la práctica, que los medios de comunicación entiendan que los subtítulos los puede leer una persona sorda bilingüe, que las empresas sepan que esa comunidad tiene las mismas capacidades intelectuales que cualquiera, y que, al final, el esfuerzo por incluirlas es nuestra responsabilidad como personas oyentes.

El Espectador


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