¿Cómo se explica la desidia del gobierno frente a la ciencia? Para Couve está claro: “no estamos convencidos de que la ciencia básica, el descubrimiento, la curiosidad, son verdaderamente los motores que nos van a hacer una sociedad del conocimiento”. “Ahí está el problema. No nos creemos el cuento de que podemos ser una sociedad que genera conocimiento, y que ese conocimiento luego se convierte en soluciones para un desarrollo social y económico de Chile”, afirma.

Para el biólogo Andrés Couve (Santiago, 1969), los problemas de la ciencia chilena, expuestos a partir de la carta pública “Los gobiernos han elegido la ignorancia”, publicada el domingo pasado, donde la comunidad científica realizó un duro diagnóstico del sector y exhortó al gobierno a tomar cartas en el asunto, no han sido una sorpresa.

Para este director del Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica (BNI) -centro que reúne desde hace cinco años a cerca de 200 científicos de 11 especialidades como biólogos, psiquiatras y físicos y que entre los grandes cerebros figuran la Premio Nacional de Ciencias Naturales Cecilia Hidalgo, e l decano de la Facultad de Medicina, Manuel Kukuljan, y Claudio Hetz, recientemente galardonado en Irán-  durante el año ocurrieron una serie de hechos que dieron origen a una “tormenta perfecta” que desembocó en la publicación de la misiva.

Sin embargo, asegura que el problema de fondo es que nuestro país no cree en su cultura, y por ende tampoco en su ciencia, a diferencia de países como Argentina, que invierte un 0,74% del Producto Interno Bruto (PIB) en ciencia frente al 0,4% de Chile. Pero no sólo es un tema de cifras.

“Finalmente es un problema cultural”, afirma. “Que tú quieras invertir en conocimiento y estar orgulloso de ese conocimiento en sí mismo, y quieras beneficiarte de la aplicación de ese conocimiento es un problema o más bien una situación cultural”.

“Argentina tiene una cultura distinta en ese sentido. Es una sociedad que valora muchísimo su cultura y la cultura (en general), y la ciencia es una de las manifestaciones culturales en Argentina. Ellos tienen un ministerio (de la Ciencia), y el ministerio y el gobierno están jugados por que la ciencia sea relevante en Argentina, tienen una masa un poquito mayor que la nuestra en términos de productividad individual, pero tienen una vocación de la ciencia como un agente cultural”, explica.

Couve pone como ejemplo es la feria científica de Tecnópolis, en Buenos Aires, que desde su creación en 2011 ha recibido 17 millones de visitas. Funciona todos los años entre julio y noviembre.

Allí “hay una motivación que es cultural. Creo que producto de esa idiosincrasia han apostado por un ministerio, el ministerio apoya fuertemente a los científicos y la valorización de la ciencia como un agente cultural, y eso creo que los pone en un muy buen pie para el futuro. Uno puede discrepar sobre cómo manejan su economía o las relaciones internacionales, pero creo que en ciencia están haciendo una tarea muy buena”, asegura.

Couve asegura que no son los únicos en América Latina, y nombra a países como Uruguay o Ecuador. Éste último país se destaca con su proyecto de la Ciudad del Conocimiento Yachay, cuyo objetivo es ser un punto de encuentro entre investigadores e importantes firmas nacionales e internacionales, y donde una alianza del sector público y privado quiere crear el primer parque tecnológico propio del Ecuador y la primera ciudad de este tipo en Latinoamérica.

“Son apuestas que uno ve que son de futuro, y aquí uno ve que nos cuesta eso. Nos cuesta poner la ficha en un lugar. Falta decir ‘aquí queremos que pase algo sustancial”.

La tormenta perfecta

Couve explica que hubo varios factores que dieron origen al “estallido” del mundo científico que se reflejó en la carta publicada el domingo pasado en los diarios El Mercurio y La Tercera, donde los científicos presentan de forma bastante unánime no sólo un diagnóstico sino también sus soluciones.

Por un lado está la entrega en julio del informe de la Comisión Presidencial “Ciencia para el Desarrollo de Chile”. Integrada por 35 expertos, trabajó durante seis meses presentar su propuesta. La comisión generó expectativas, pero para decepción de la comunidad no hubo ninguna reacción o anuncio en relación a la misma.

Otra preocupación se vincula con el traspaso de la Iniciativa Científica Milenio (ICM), entidad que dependía del Ministerio de Economía, al Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), que pertenece al Ministerio de Educación, una iniciativa que la presidenta Michelle Bachelet anunció el mismo día de la entrega del informe.

La guinda de la torta fue la renuncia de Francisco Brieva a la presidencia del Conicyt a fines de octubre pasado, tras un año en el cargo y seis meses sin cobrar su sueldo.

“Todas estas cosas convergieron a que la preocupación fuese canalizada a través de una carta que se escribió como producto de la reunión de las sociedades científicas, de grupos de investigadores que se comunicaron la semana pasada para apoyar esta iniciativa”, cuenta Couve, “sin saber la resonancia que iba a tener en los medios. Para nuestra sorpresa fue bastante importante”.

El asunto no sólo fue tema de los diarios, sino también de la radio y la televisión. Para Couve es inédito en Chile no sólo el mensaje de la carta, sino su cobertura.

La disputa por el presupuesto

Tras la publicación de la carta, el gobierno reaccionó. El lunes, Gonzalo Rivas, presidente del Consejo Nacional de Innovación para el Desarrollo (CNID), un organismo público-privado que asesora la Presidencia en la identificación, formulación y ejecución de políticas y acciones que fortalezcan la innovación, la competitividad y el desarrollo en Chile, señaló que la creación de un Ministerio de Ciencia y Tecnología será decidido por la Presidenta Bachelet antes de fin de año.

Rivas realizó las declaraciones ante los senadores y científicos presentes durante una sesión especial de la Comisión Desafíos del Futuro del Senado. Allí se trató la crisis que pasa el sector y las partidas presupuestarias, que fueron calificadas como insuficientes y regresivas por los presentes. Agregó que la presidenta se había tomado un tiempo para estudiar las alternativas.

“Fue la primera respuesta oficial, formal, a las propuestas de la Comisión Presidencial”, destaca Couve, casi cuatro meses después de la entrega del informe. “Estoy esperando que surjan otras cosas, y ojalá que pasen muchas cosas porque para eso yo trabajé mucho y quiero seguir trabajando para que sigan pasando”.

Más presión

La polémica explotó en un momento clave: la discusión en el Congreso del Presupuesto 2016. Y para Couve es necesario que éste, ahora bajo una presión aún mayor, refleje una visión de largo plazo.

“Era importante tener claro los problemas de ese presupuesto y cuáles iban a ser las posibles soluciones”, afirma Couve, quien asegura que no sólo deja a la ciencia estancada por segundo año consecutivo, sino que en el mismo el crecimiento del sector (2,5%) es inferior al del propio presupuesto (3,8%).

“Eso significa que en términos reales estamos yendo para atrás en cuanto a una voluntad que se exprese para hacer las cosas que la presidenta ha dicho. Es inconsistente, paradójico”, reclama Couve.

Otro punto es que el presupuesto contempla mayores recursos para innovación “y no para el área científica. Nosotros entendemos que estos son inseparables, que tú vas a alimentar todo el sistema de innovación con nuevos conocimientos. Mientras no logres financiar este nuevo conocimiento va a ser difícil que obtengas resultados que sea aplicables en tecnología, salud, energía, etc.”.

“Lo que la comunidad científica ha querido lograr es que se den señales claras, positivas y congruentes con las palabras de la Presidenta, y que se plasme esta visión, que ha estado por mucho tiempo en el discurso, en acciones concretas”.

Desidia

¿Cómo se explica la desidia del gobierno frente a la ciencia en el Presupuesto 2016? Para Couve está claro: “no estamos convencidos de que la ciencia básica, el descubrimiento, la curiosidad, son verdaderamente los motores que nos van a hacer una sociedad del conocimiento”.

“Ahí está el problema. No nos creemos el cuento de que podemos ser una sociedad que genera conocimiento, y que ese conocimiento luego se convierte en soluciones para un desarrollo social y económico de Chile”, afirma.

No sólo es un tema de falta de institucionalidad y de falta de visión de largo plazo, con medidas gubernamentales en general sólo reactivas, de corto plazo y no integradas.

Un ejemplo son los estudiantes que se perfeccionan en el exterior, pero que no encuentran un lugar de trabajo al regresar al país. Otro es que, como país de materias primas, en momentos de bonanza no se ha invertido en ciencia para diversificar la matriz productiva porque “no se necesita”, mientras en los de pobreza “no hay dinero”.

Couve admite que es tarea tanto del gobierno como de los científicos hacer que la ciudadanía entienda el valor de la investigación científica como generadora de soluciones concretas en temas como salud, energía o transporte.

“Nadie desconoce el esfuerzo significativo que ha hecho el gobierno en materia de educación, por ejemplo, o en materia de salud. Esto no es decir, ‘oye, queremos hacer esto a expensas de’, sino más bien que se haga en relación a la reforma educacional, por ejemplo, porque esto va a tener que ir de la mano de un apoyo sustancial a las universidades”, concluye.

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