El Instituto de Investigación y Desarrollo para Estudiantes Dotados (IIDED) y la Asociación de Padres de Niños Dotados de Puerto Rico (Aprendo) están tratando de cambiar el destino de estos estudiantes que en ocasiones no son identificados por sus maestros

Ese niño o niña que parece distraído en el salón, que no se puede estar quieto, que se aburre y que muchas veces se porta mal, puede ser un menor dotado.

Estos menores son muchas veces diagnosticados erróneamente con condiciones con hiperactividad, déficit de atención y trastorno oposicional desafiante.

El Instituto de Investigación y Desarrollo para Estudiantes Dotados (IIDED) y la Asociación de Padres de Niños Dotados de Puerto Rico (Aprendo) está tratando de cambiar el destino de estos estudiantes que no son identificados a tiempo y que se arriesgan a terminar como desertores escolares porque las escuelas y los maestros no están listos para darles lo que necesitan.

Héctor Rivera, presidente de estas organizaciones sin fines de lucro, dijo que buscan acuerdos con las facultades de educación en las universidades para enseñar a los universitarios cómo identificar y atender estos menores dotados.

“La problemática mayor es que los maestros no reciben ninguna preparación en la universidad para atender esta población, lo que dificulta el proceso educativo. Lo que estamos buscando es que las distintas universidades que ofrecen cursos de preparación de maestros y sicólogos, podríamos colaborar para llevarles talleres, conferencias de manera que los estudiantes salgan, se gradúen y tengan más conocimiento de cómo trabajan estos niños en las escuelas”, dijo Rivera.

Dijo que el interés de estos organismos es poder capacitar a los profesionales que entran en contacto con estos menores.

“El problema es que un niño mal atendido es un potencial desertor escolar. Siendo tan inteligentes, tienen que poder canalizar esa capacidad y hay que educarlos bien. Si no, se nos pierden en el camino”, dijo Rivera. “En la calle hay muchos muchachos bien inteligentes delinquiendo”.

Según dijo, en Puerto Rico la única escuela especializada para atender a estudiantes dotados está en Guayama y tiene una población de estudiantes en corriente regular y estudiantes dotados.

Rivera aseguró que los currículos de las facultades de educación en las diversas universidades no incluyen las necesidades de los estudiantes dotados, aún a los que se especializan en educación especial.

“Los currículos de educación especial están todos enfocados en problemas y retrasos y estamos buscando insertarnos y llevar el tema a las universidades”, dijo Rivera.

“Son niños que aprenden rápido. Usualmente el proceso de aprendizaje es a base de repetición, pero estos niños aprenden la primera o segunda vez. No necesitan tanta repetición y esa repetición los lleva al aburrimiento. Muchos se malinterpretan como déficit de atención, hiperactividad y trastorno oposicional desafiante”, dijo Rivera .

Explicó que los niños dotados tienen un coeficiente intelectual de 130 puntos o más y son los niños y niñas que piensan diferente.

“Siempre está buscando conexiones donde otros no las ven. Les disgusta el proceso repetitivo. Son bien curiosos, siempre están buscando más información, les encanta aprender”, mencionó.

Mencionó además que estos niños suelen ser bien inquietos.

“Les gusta buscar cosas para aprender, les gusta estar tocando mucho, experimentando, hacen muchas preguntas y a veces preguntas muy avanzadas. Les gusta compartir con niños mayores y personas mayores. Tienen un vocabulario acelerado y comienzan a hablar con oraciones complejas. Son los niños que preguntan y, cuando uno les contesta, van inquiriendo más”, dijo. “Tienen un vocabulario avanzado y comienzan a leer en edad temprana, realizan operaciones matemáticas más avanzadas que su nivel de edad y son los que uno escucha que hablan como viejitos, que es una forma de decir que tienen vocabulario”.

Alrededor del mundo, se ha estimado que poco más del dos por ciento de las personas son dotadas. Según Rivera, ya el Departamento de Educación cuenta con una carta circular para atender estos casos. Hay además una ley que fue aprobada en 2012 que permite realizar un registro de estos estudiantes. Desde esa fecha, la organización ha identificado 600 niños y niñas dotados.

Aún así, dijo, es largo el camino que falta por recorrer. La falta de recursos y opciones ha provocado que muchas de estas familias – como tantas otras – se han ido del país en busca de mejores oportunidades educativas para sus hijos.

“Muchas personas que empezaron con nosotros han tenido que irse buscando una alternativa. Te puedo mencionar que tenemos casos de niños que han sido aceptados a los 13 años en universidades en Estados Unidos, igual que hay casos así en Puerto Rico”, dijo.

La organización que dirige, dijo, ofrece evaluaciones, terapias y servicios a estos menores y a sus familias. En el caso de los estudiantes del Departamento de Educación, los servicios no tienen costo. Rivera indicó que hay familias que reciben servicios privados que pueden costar entre $30 y $500, en el caso de las evaluaciones.

“Una vez se identifica el estudiante, queda registrado y comenzamos a dar servicios que van desde talleres, talleres sociales, emocionales, capacitamos a la familia para trabajar desde la perspectiva del hogar y servir de enlace. Damos talleres, vamos a la escuela a trabajar los casos de cada estudiante”, dijo Rivera, padre de una niña dotada. “Hemos identificado sobre 600 niños dotados en 70 municipios. Le damos seguimiento a cada caso y a cada familia”.

Enid Fonseca, madre de una niña dotada, dijo que para estos menores es difícil muchas veces adaptarse a las escuelas pues muchas veces se aburren en la escuela, pero a la vez quieren tener amigos y llevar una vida que se considere normal.

Para su hija, dijo, la alternativa ha sido continuar estudiando una vez llega de la escuela, además de buscar cursos más avanzados.

“Muchas veces este tipo de niños son marginados. Nadie quiere a los niños inteligentes. Ella me ha pedido que en la escuela no la traten como niña dotada, quiere ser una niña normal”, dijo. “Ella está harta de hacer suma y resta porque en el Instituto ella ya ha hecho álgebra. Necesitan más retos”.

El Vocero


VOLVER