Mientras que los países desarrollados presentan un 2% de su población infectada con parásitos o enfermedades infecciosas, los países en desarrollo alcanzan el 40%. Esto está asociado a las diferencias socioeconómicas reflejadas en la nutrición, sanidad, calidad de viviendas, condiciones de trabajo y servicios de salud.

Por este motivo, el efecto del cambio climático sobre la salud en estos países debe centrarse en estas convalecencias. Argentina se encuentra en el límite sur de la distribución del dengue y la malaria en América del Sur, y es por ello que el estudio del riesgo de estas enfermedades frente a cambios climáticos es de suma importancia.

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