Científicos cubanos y estadounidenses protagonizarán en la segunda quincena de octubre una expedición al Parque Nacional Alejandro de Humboldt (PNAH), donde fue avistado por última vez el Carpintero Real (CR), presumiblemente extinto o amenazado de extinción.

Especialistas de la Unidad Provincial de Servicios Ambientales (UPSA) que ostenta el nombre del insigne geólogo alemán, considerado el Segundo Descubridor de Cuba, informaron hoy a la prensa local que junto a ellos intervendrán en esa empresa científica, investigadores del Museo de Historia Natural, de Nueva York.

Aunque en el siglo anterior se reportaron varias apariciones del científicamente denominado Campephilus principalis bairdii (el más vistoso de los pájaros carpinteros), la más convincente fue la del biólogo Alberto Estrada, el 13 de marzo de 1986, en esta área protegida compartida por las provincias de Guantánamo y Holguín.

Tres días después su colega Giraldo Alayón contempló durante varios minutos una hembra adulta perseguida por una pareja de caos (Corvus nasicus), también en Ojito de Agua, uno de los cuatro sectores en que se divide el PNAH, y donde permanecerá la excursion cubano-estadounidense  durante una semana.

Entre los objetivos de los científicos de la ínsula caribeña y del vecino país norteño figuran ahondar en el conocimiento de la biodiversidad de la fauna del lugar, a través de colectas de individuos de varias especies, ampliar las colecciones científicas de ambas instituciones, y llevar a cabo estudios filogenéticos en la zona.

Asimismo efectuarán un inventario intensivo de algunos grupos de vertebrados e  invertebrados de esa inmensa área protegida, considerada el último reducto del Carpintero Real, con el fin de compartir esa información con otras instituciones científicas cubanas.

Expertos ambientales, entre ellos el Máster en Ciencias Mario Montero, opinan que los participantes en la travesía no deberán sustraerse a la tentación de escuchar los trinos de ese pájaro, en cuya búsqueda persiste la ciencia, con la esperanza de que haya escapado a la mayor tragedia que puede ocurrir a una especie y de la que no está exenta el hombre: la extinción.

Tras su captura entre 1860 y 1870 por el naturalista alemán Juan Gundlach, los avistamientos del CR en 1986, alcanzaron gran notoriedad y llamaron la atención de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN).

Esa organización ubicó a ese acontecimiento entre los tres de índole ornitológica más relevantes de aquel último año, junto a los del Ave de Gurney (Pitta gurney), en Tailandia, y el Ave Zancuda de Jerdon (Cursorius bitorquaius), en la India.

La revista científica de la UICN dedicaba el mayor espacio al vistoso pájaro reportado en la mayor de las Antillas, el cual desde 1940 se consideraba extinto en Estados Unidos, al igual que en México, en cuya Sierra Madre Occidental, también trinó la especie más grande, el carpintero imperial o (Campephilus imperialis).

Introvertido, esquivo a las lentes y a las grabadoras, el CR no se dejó fotografiar, filmar ni grabar su canto, por ninguno de los que engruesan la cronología de sus avistamientos antes de 1986, todos con el PNAH como escenario.

Ese mismo año una expedición del Instituto de Geofísica y Astronomía en la Sierra de Nipe reportó haber escuchado el canto de ese alado, que alcanza hasta medio metro de largo y no debe la fama a su tamaño, sino a sus tonadas,  parecidas a las de la corneta china y grabadas en 1935, en Mississippi, EE.UU.

Hasta la primera mitad del siglo pasado había sido fotografiada solo dos veces dicha elegante criatura blanquinegra llena de gracia, que sobresale por su grado de especialización entre las 108 especies de carpinteros y fue descrita en 1883 por el estadounidense John Bassin.

AIN