Investigadores del Centro de Alta Tecnología (CAT) –adscrito a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)–, junto con alumnos de licenciatura, maestría y doctorado de áreas afines, trabajan en colaboración con el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) en el diseño y construcción del microsatélite Quetzal, cuya función será el monitoreo de gases contaminantes en territorio nacional.

Según la Administración Nacional de la Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), se denomina satélites a los objetos que orbitan alrededor de un elemento más grande, lo que sucede al encontrarse un equilibrio gravitacional. Los satélites se clasifican en naturales o artificiales; estos últimos son artefactos con componentes electrónicos y mecánicos fabricados para un fin particular: telecomunicaciones, percepción remota, estudio de atmósfera, etcétera.

Actualmente, en nuestro país hay importantes esfuerzos para desarrollar tecnología espacial enfocada a resolver problemas nacionales. Sobre este tema platicó en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt el doctor Jorge Alfredo Ferrer Pérez, investigador del CAT, centro ubicado en Juriquilla, Querétaro.

Tecnología espacial hecha en México

La iniciativa de crear un microsatélite surgió tras el contacto entre los ingenieros y científicos mexicanos de la UNAM con especialistas del MIT: el doctor Alvar Saenz-Otero, director del Laboratorio de Sistemas Espaciales (SSL, por sus siglas en inglés) y el doctor Paulo Lozano, codirector del Laboratorio de Propulsión Espacial (SPL, por sus siglas en inglés).

El primer financiamiento de Quetzal vino por parte del programa MIT International Science and Technology Initiatives (MISTI), con lo que se comenzó a diseñar la misión del microsatélite. Recientemente, uno de los investigadores participantes en el proyecto, el doctor Carlos Romo, recibió un apoyo económico por parte del Fondo Sectorial de Investigación, Desarrollo Tecnológico e Innovación en Actividades Espaciales Conacyt-Agencia Espacial Mexicana (AEM). Con esto se podrá continuar con el desarrollo de más prototipos de los subsistemas de Quetzal, dijo el doctor Ferrer Pérez.

Quetzal será puesto en una órbita baja muy común para satélites meteorológicos y de percepción remota, es decir, entre 500 y 800 kilómetros sobre el nivel del mar, y tendrá un peso de entre 50 y 70 kilogramos, aseguró el investigador.

Además, durante un encuentro entre el MIT y el CAT, el doctor Alvar Saenz-Otero informó que se trata de un microsatélite con la característica de emplear paneles solares como abastecimiento de energía, hecho de materiales capaces de soportar los cambios que sufrirá durante la órbita terrestre.

Los objetivos principales de este proyecto son la creación de una misión espacial capaz de recabar datos sobre condiciones atmosféricas de varias ciudades de Latinoamérica, para identificar los puntos críticos y origen de contaminantes. “La gente que estudia la atmósfera esta muy interesada en ver la influencia de los diferentes factores dentro del total”, detalló Saúl Santillán Gutiérrez, jefe del CAT y coordinador del proyecto, de acuerdo con un boletín oficial de la UNAM.

El proyecto inicial fue creado en 2012 y se prevé que el satélite sea completado en un periodo de entre tres y cuatro años, con un costo final de aproximadamente 10 millones de dólares, una suma aceptable para la inversión tecnológica en nuestro país, de acuerdo con el comunicado citado.

Necesidades para la investigación mexicana

Este tipo de tecnología es indispensable para la investigación nacional, pues las referencias atmosféricas que los científicos mexicanos usan son obtenidas por satélites extranjeros de la NASA y de la Agencia satelite qutzal03Espacial Europea (ESA, por sus siglas en inglés), cuyas órbitas no son las más favorables para recabar datos necesarios para el Distrito Federal y otras áreas urbanas del país.

Quetzal permitirá a los investigadores conocer qué tipo de emisiones contaminantes provienen de regiones específicas, por ejemplo, conocer si su procedencia es natural, como las emisiones volcánicas; o antropogénica, como los contaminantes liberados por las grandes industrias. “El propósito de Quetzal es poder medir columnas de distintos gases contaminantes”, aclaró el doctor Ferrer Pérez.

Para la carga útil de Quetzal se está considerando el uso de una cámara y un espectrómetro, instrumento capaz de medir el tipo de moléculas en el ambiente. Estos dos dispositivos soportarán el ambiente espacial: temperaturas extremas, ultra-alto vacío, partículas de altas energías, basura espacial y partículas de polvo, detalló el especialista.

Intercambio académico constante

El satélite Quetzal está en proceso de desarrollo. En lo que corresponde a la parte mexicana, existe un consorcio para el trabajo cooperativo entre el CAT, el Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM, el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN) unidad Guadalajara, el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial (Cidesi) y el Centro de Tecnología Avanzada (Ciateq), estos dos últimos pertenecientes al Sistema de Centros Públicos de Investigación (centrosconacyt.mx) del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt). “La idea es tener un gran equipo de trabajo multidisciplinario que permita ir desarrollando todos los componentes de un microsatélite en México”, abundó el entrevistado.

Agregó que una parte importante del proyecto es el trabajo conjunto entre instituciones nacionales e internacionales, pues abre las puertas a la participación en distintos frentes importantes para ayudar a México a su independencia tecnológica en el sector espacial.

De esa manera, Quetzal está permitiendo la consolidación de la relación con una de la mejores universidades de tecnología del mundo, el MIT, lo que ha sido un detonador para un programa de visitas cortas de investigación entre la UNAM y dicha instancia académica estadounidense.

El doctor en Ingeniería Aeroespacial y Mecánica por la Universidad de Notre Dame aseguró que este proyecto representa no solo un paso firme en el desarrollo de tecnología espacial con talento nacional, sino que simboliza el compromiso de la UNAM para resolver un problema de atraso tecnológico que el país ha tenido en las últimas décadas.

Concluyó que con Quetzal se espera contribuir significativamente al desarrollo de capacidades científicas y tecnológicas que la nación tanto necesita, para mejorar la forma de vida de todos los mexicanos.

CONACYT


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