Cuando a inicios de los 90 Domingo Alás Rosell, quien trabajaba en el equipo técnico de patrimonio cultural en Las Tunas, propuso la creación de un lugar donde en su interior las personas sintieran la pérdida de gravedad, muchos lo tildaron de soñador.

No fue hasta el 2013 que en la reunión del proyecto Imagen para esa ciudad y ante las máximas autoridades, expuso de nuevo su idea, y esta vez tenía “carta blanca” para demostrar si la investigación merecía o no respaldo político y económico.

La meta era motivar en los más jóvenes el estudio de la física y la matemática y hacerles ver que hay diversión en las ciencias exactas, es por ello que convirtió su casa en un laboratorio pequeño, donde pudo probar cómo bolas de billar inclinadas en un ángulo de 45 grados permanecen inmóviles y olas que nunca caen.

Hace aproximadamente 840 días que se inició la construcción de la Casa Insólita en el Balcón del Oriente, única de su tipo en el Caribe donde los visitantes no sentirán que flotan en el aire, pero si cómo su cuerpo pierde el equilibrio cuando lo que ven y lo que su sistema de orientación (en el oído) ordena, están en contraposición.

Domingo comenta a OnCuba que la mayoría de las edificaciones antigravedad que existen en el mundo son resultado de la naturaleza, debido a fenómenos atmosféricos que han afectado las estructuras arquitectónicas y como consecuencia ocurren efectos ópticos y físicos, sin embargo, la cubana integrará la lista de las pocas construidas específicamente para desafiar la fuerza que mueve el mundo.

Aún esta Casa no está abierta al público, pero quienes tuvimos la oportunidad de entrar vivimos una experiencia única. Cuenta con cinco cámaras interiores, entre ellas la piscina que nunca desborda, el agua que sube por su propio peso, péndulos que se mueven de manera anómala y un sofá del cual es difícil levantarse sin una mano ayuda.

Para que el cambio no sea tan brusco, antes se camina por un túnel estrecho de aproximadamente 3 metros y a su salida, si no se agarra del pasamano que bordea el lugar siente como una fuerza lo empuja hacia la pared contraria, y de pronto, su cuerpo lo obliga a mantener una postura de 45 grados para compensar el equilibrio.

Como medida de seguridad se recomienda no usar tacones, mirar un punto fijo para contrarrestar el mareo, nunca sostenerse de los objetos y por supuesto no correr, porque el impulso que alcanzas solo se detiene cuando chocas contra el muro.

Es casi imposible hacer fotos que no den la impresión de que están inclinadas, es por ello que se aconseja ubicar la cámara paralela al borde inferior del rodapié.

“Aunque faltan pequeños detalles hidráulicos se espera que para el verano los jóvenes puedan disfrutar de este místico sitio construido en forma de caracol y erigido muy cercano al centro de la ciudad de Las Tunas, para que los transeúntes se vean casi obligados a parar en el lugar”.

Orgulloso de su proyecto, Domingo Alás, arquitecto de profesión y físico de hobby, confiesa que por mucho que explique a los interesados no sentirán el pinchazo hasta que entren y vivan en carne propia, cómo se puede combinar ambas ciencias para cultivar el alma y el espíritu, y en este caso, para constatar cómo Cuba desafía la gravedad.

Puntos de partida

En el mundo existen una docena de casas con estos “nuevos principios”; en Estados Unidos se encuentran diversos lugares insólitos: el Vórtice de Oregón ubicado en Gold Hill posiblemente sea el más famoso, un deslizamiento de tierra en 1904 provocó la inclinación de varias oficinas y los dueños aludieron a la paranormalidad, pero la ciencia enseguida dio su explicación.

A raíz del Vórtice de Oregón se crearon otras atracciones turísticas que en la actualidad se conservan como lugares patrimoniales: Confusion Hill, la Casa de los Misterios del Vórtice de Montana, Las Cavernas de Laurel en Pensilvania y la Mancha Misteriosa de California.

Y con estas mismas intenciones en América Latina, estudiantes y profesores de la Facultad de Física de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, idearon la Casa Anti-Gravedad de Newton, donde en un stand de grandes dimensiones con una inclinación de 25 grados, se aprecia una pelota que sube sola hacia arriba, el agua corre en diagonal y una cama donde es inevitable caerse.

Gloriadelys Wright Hernández – On Cuba


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