En general, el ser humano –como no podía ser de otra manera– se acomoda los anteojos y afina su percepción de acuerdo con sus intereses. Sin embargo, lo que a menudo no advierte es que el escenario natural cuenta con actores que, con recurrencia, queman los libretos apenas los reciben. Por caso, juzgar las acciones de los animales a través de la criba de la razón se vuelve un ejercicio tan inú- til como injusto. En efecto, ni los insectos son tan malos ni las vacas son tan buenas; en definitiva, no son más que insectos y vacas.

A comienzos de la década del ‘90 se presentaron en Argentina unos ejemplares voladores provenientes de Europa conocidos como las “moscas de los cuernos”. Con características similares a las moscas domésticas, en poco tiempo se adaptaron a las condiciones locales, lograron conquistar todo el territorio y, en la actualidad, representan una verdadera plaga.

Estos bichos, que se alimentan de sangre bovina y complejizan el desarrollo corriente de la producción de leche y carne, realizan su ciclo reproductivo sobre la bosta. Un minuto después de la defecación de la vaca, la hembra pone huevos sobre el excremento, empupa y, una vez adulta, la nueva mosca se dirige otra vez hacia el ganado y renueva el proceso.

Una vaca, en promedio, defeca unos 20 kilos diarios y en ese lugar luego no come (al menos en el radio de un metro). En efecto, el campo se achica conforme pasa el tiempo. No obstante, una premisa se torna ineludible: si no hay bosta, tampoco hay moscas de los cuernos.

En este sentido, existían investigaciones –en Australia y en Estados Unidos, por ejemplo– que explicaban cómo, casi maravillosamente, las heces de los bovinos desaparecían por la acción de unos curiosos controladores biológicos. He aquí los escarabajos estercoleros, los verdaderos héroes en esta historia de la naturaleza.

Pedro Mariategui, especialista en control de plagas y su impacto ambiental, es docente e investigador en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad de Lomas de Zamora. Aquí, cuenta a Página/12 los detalles de un proceso tan desconocido como sorprendente, al tiempo que explica el tormentoso matrimonio entre los “malvados” insectos y los “simpáticos” mamíferos rumiantes.

–¿Por qué estudio ingeniería zootecnista?

–Mi caso fue particular. Vengo de una familia de abogados, tanto mi abuelo como mi padre tenían esa profesión. En cambio, desde chico quise trabajar con animales en la parte de producción y, en especial, con bovinos. Por suerte, la carrera de ingeniería zootecnista cubrió ampliamente mis expectativas.

–Desde esta perspectiva, ¿por qué le interesaron los escarabajos estercoleros y la mosca de los cuernos?

–La explotación bovina tiene características muy específicas. En cuanto a la calidad del producto y a los avatares económicos, el aspecto sanitario implica buena parte de los costos anuales de la explotación. En el momento en que apareció la mosca de los cuernos, automáticamente se incrementaron los gastos sanitarios en porcentajes considerables. En efecto, empezamos a trabajar con insecticidas piretroides, fosforados, caravanas insecticidas de liberación lenta, etc. Sin embargo, al poco tiempo advertimos que estábamos en presencia de insectos resistentes; por ello, desde nuestro grupo decidimos utilizar métodos alternativos de control de la mosca. En este marco, lo primero que quisimos saber es si tenían algún controlador biológico en Argentina. Dentro de una fauna benéfica encontramos a los escarabajos estercoleros como agentes de interés que podrían ser utilizados para el manejo integrado de plagas.

–¿La mosca de los cuernos proviene de Europa? Leí que, también, conquistó otros territorios de la región…

–En el año 1889, la mosca de los cuernos llegó a los Estados Unidos proveniente de Europa con el ingreso de ganado bovino. En el año 1900 ya se encontraba en Panamá, en 1937 entró a Venezuela, en 1976 penetró el norte de Brasil y, por último, en 1990 superó la barrera de la selva amazónica para un año más tarde arribar a Argentina.

–¿Qué zonas habita de Argentina?

–A partir de octubre de 1991, la mosca se ha dispersado con velocidad por todo el territorio nacional. En la actualidad, la plaga ocupa más del 60 por ciento de la superficie del país y abarca un 90 por ciento del área dedicada a la explotación ganadera vacuna.

–¿En qué medida la expansión de la mosca representa una verdadera amenaza?

–Para ser exacto, toda ectoparasitosis representa una amenaza para la ganadería. Por caso, se han realizado cálculos de pérdidas en lechería entre el 15-20 por ciento de la producción. Como resultado, las vacas caminan y se mueven mucho más para tratar de espantar a las moscas. Y terminan estresándose por las picaduras.

–Si la mosca, a mediados de los ’90, ya representaba una plaga en el país, ¿qué ocurría con los escarabajos estercoleros? ¿Existía alguna especie autóctona?

–Existen especies autóctonas que, en sus orígenes, se alimentaban de la materia fecal de camélidos sudamericanos y de felinos como el puma. Cuando llegó a América el ganado bovino, el escarabajo se empezó a adaptar a su estiércol. Para citar un ejemplo, como especie autóctona tenemos al Ontherus sulcator, un escarabajo coprófago –aquellas especies que se alimentan de excrementos de otros animales– de la zona pampeana.

–¿Cómo actúan los escarabajos estercoleros?

–El Ontherus sulcator es un escarabajo estercolero que se alimenta de los jugos de las bostas y entierra una parte para alimentar a sus larvas. Excava galerías debajo de la torta de materia fecal, para formar las masas de cría o cámaras de crianza donde se desarrollan los estados juveniles. El escarabajo tiene su aparato bucal constituido por partes membranosas y blandas, adaptadas para ingerir solamente los constituyentes líquidos de los excrementos y partículas muy pequeñas que están en suspensión. Las larvas poseen mandíbulas poderosas que son capaces de aprovechar pequeños pedazos de estiércol y en su estómago contienen microorganismos que digieren partículas fibrosas. El período que pasan como larva está íntimamente relacionado con las condiciones de temperatura y humedad; pero, en condiciones de laboratorio, se observó que a los 27 días de colocado el huevo en la cápsula de crianza se forma la pupa, tras pasar por los períodos larvales obligatorios.

–En este marco, ¿cuántos individuos trabajan sobre el mismo pan de bosta? ¿Por qué son considerados agentes de despolución y biocontrol de la mosca de los cuernos?

–El volumen de materia fecal incorporada por animal está en el orden de los 8 a 10 gramos por día, lo que arroja como resultado una incorporación de una bosta completa en 7 días a partir del trabajo de unos 10 o 15 escarabajos. La característica más importante de estos bichos estercoleros es que tanto las larvas como los adultos se alimentan, exclusivamente, de materia fecal. Su papel es especialmente benéfico y son más activos en regiones cálidas con lluvias bien distribuidas.

–Además de combatir la mosca de los cuernos, ¿qué otras ventajas presenta el escarabajo?

–Los escarabajos estercoleros controlan todos los parásitos que realizan su ciclo en la bosta, ya que entierran parte de ella para realizar las cámaras de crianza, así como también trasladan la torta de materia fecal a sustratos más bajos del suelo. Ello produce efectos fertilizantes y genera un mejor drenaje de agua a través de los canales que el insecto construye.

–¿Crían escarabajos estercoleros en los laboratorios de la Universidad de Lomas de Zamora?

–Sí, en los laboratorios de la universidad se realizan crianzas programadas con el objetivo de investigarlos y seguirlos de cerca. El proceso es bastante complejo ya que son animales que tienen que tener condiciones de temperatura y humedad controlada, además de buena alimentación.

–¿Cómo influye la aplicación de herbicidas en su ciclo vital?

–Todos los agroquímicos resultan nocivos para los individuos, así como también los afectan algunos antiparasitarios específicos que se les aplica a los bovinos. En nuestro grupo queremos generar conciencia sobre los escarabajos estercoleros que, silenciosamente, nos ayudan en la producción animal –preservando a los bovinos de parasitosis– y en la producción vegetal, cuando generan mayores rendimientos por la fertilización de los suelos.

–Según parece se trata de un escarabajo muy amable. Leí en algún artículo que, sin embargo, no todos los coleópteros son beneficiosos…

–Según nuestra visión no todos los escarabajos son benéficos ya que algunos se alimentan de plantas y raíces. Aunque, para ser justos, de algún modo el hombre es el culpable, ya que aplica técnicas como la labranza mínima o la siembra directa que impide que los escarabajos posean los biocontroladores necesarios para su regulación.

–Cuidamos las vacas porque, en definitiva, nos alimentamos de ellas. ¿No le parece que es un enfoque (un tanto) antropocéntrico?

–Sin lugar a dudas. Todas las acciones que realiza el hombre son antropocéntricas. Nosotros definimos, de acuerdo a nuestra conveniencia, qué animal es plaga y qué animal es fauna benéfica. En este contexto, tenemos que manejarnos –como en el caso de los bovinos– con ciertas prácticas y normas de bienestar animal.

Pablo Esteban – Página12


Volver