Los países caribeños han acordado una serie de reglas comunes para administrar y conservar una especie local de langosta, en respuesta a la evidencia científica de su disminución.

Los estados miembros de la Comunidad Caribeña se reunieron en Granada en mayo para firmar una declaración que provee los estándares mínimos para la pesca de Panulirus argus, conocida como la langosta espinosa del Caribe. Tendrá validez en 17 naciones del Mecanismo Regional de Pesca del Caribe (CRFM, por sus siglas en inglés).

La langosta espinosa es una de las principales fuentes de ingreso de las pesquerías locales, y es crítica para el bienestar socioeconómico de muchas comunidades caribeñas, según indican los signatarios.

El acuerdo es una respuesta a la creciente preocupación acerca de la viabilidad económica a largo plazo de la pesca de langosta en la región. Según el CRFM, las capturas están decayendo y la sobreexplotación de la especie está teniendo efectos en la vida marina.

Milton Haughton, líder de la secretaría del CRFM, dice que aparte de la importancia socioeconómica, la langosta tiene un papel crítico en mantener “la integridad ecológica y el delicado balance” del ecosistema coralino.

“Por lo tanto debemos ser muy cuidadosos en la forma en que cosechamos los recursos”, indica. “Estos son tan importantes para nosotros que no podemos permitir que las reservas disminuyan debido a una mala gestión y una cosecha irresponsable”.

El acuerdo no vinculante pretende promover y estandarizar la recolección de datos sobre las capturas de langostas y fomentar el uso de trampas biodegradables para reducir la contaminación oceánica y proteger otras especies marinas. También apunta a reducir la pesca ilegal e insostenible para fortalecer la conservación, dice el CRFM.

De acuerdo con Haughton, el mejor uso de la información promovería la investigación local en conservación, la cual a su vez fortalecería la comprensión de los aspectos biológicos, económicos y nutricionales de la pesca de langosta. “Todo esto requiere de un enfoque científico informado por buenos sistemas de gobernanza y conocimiento íntimo”, indica.

En muchos países caribeños, la pesca de langosta es gobernada por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES), la cual incluye un sistema de cuotas, encuestas científicas periódicas, y una estación de pesca limitada. En el Caribe, sin embargo, la capacidad para tal monitoreo varía entre Estados, y una carencia de regulaciones acerca de la pesca de langosta pone en riesgo el recurso, se escuchó en el encuentro de Granada.

Los representantes de las pesquerías caribeñas acogieron el acuerdo con cautela, e hicieron un llamado para generar reglas que distingan a las pesquerías de subsistencia de las grandes operaciones pesqueras comerciales.

Andre Kong, director de pesquerías en el Ministerio de Agricultura de Jamaica, dice que, por ejemplo, no todas las recomendaciones son aplicables a su país.

Pero indica que la declaración le ayudaría a Jamaica a diseñar mejores estrategias basadas en la evidencia para administrar la industria de la pesca de langosta, incluyendo la langosta pinta, otra de las especies locales.

“Estamos buscando, por ejemplo, trampas biodegradables y haremos las adaptaciones necesarias para mejorar los sistemas de administración existentes”, dice Kong.

SciDevNet


VOLVER