Camilo José Herrera es un joven de 29 años, quien a sus 21 años decidió emprender ante la falta de oportunidades para iniciar una carrera universitaria. “La formación académica es un lujo en Colombia. No podía permitírmelo. Así que decidí forjar mis propios negocios. Primero me involucré en empresas privadas: quebré y aprendí a ser más cuidadoso con los negocios”.

En 2011, tras tres años de escollos en el ámbito privado, Herrera conoció un proyecto denominado ‘Un Litro de Luz’, liderado por el filipino Illac Díaz. Esta organización busca masificar la implementación de una invención que permite llevar luz, durante el día, a hogares con pobres condiciones lumínicas.

Las botellas se instalan en casas que, por las condiciones de construcción y su ubicación espacial, carecen de luz incluso durante la jornada diurna. Su funcionamiento se basa en el principio de refracción: se ubica la botella en un orificio del tejado. La mitad de la misma queda por fuera de la estructura y recibe los rayos del sol. Estos, a su vez, se refractan en el interior de la vivienda.

Herrera, motivado por el impacto que este sistema podría tener en algunas zonas de Colombia, buscó el correo electrónico de Díaz por internet. Logró contactarlo y entablar un acuerdo para traer ‘Un Litro de Luz’ al país. Así empezó su aventura en el ámbito del emprendimiento social.

Gracias a Un Litro de Luz Colombia, Herrera ha llevado iluminación a 3.702 hogares. Su misión fue enseñar a las comunidades a fabricar las botellas y masificar su uso en nuestro país.

No obstante, Herrera no se sentía satisfecho. Aquella era una solución cuyo funcionamiento se restringía al día. Durante la noche, los hogares beneficiados se sumían en la oscuridad de nuevo.

En el primer semestre de 2014, llevó a cabo el primer proyecto piloto para llevar luz en las noches al barrio de Granizal, en Medellín, donde 18.000 personas viven sin energía noctura.

Al comienzo, su intención era iluminar casa por casa con ayuda de un sistema basado en energía solar. “Sin embargo, nos percatamos de que plantear una solución individualizada suponía que algunos hogares resultaran excluidos. Algunos no podían pagar por las del sistema”, recuerda.

Tras una primera jornada de labores en Granizal, cayó la noche y Herrera y su equipo se percataron de la carencia de alumbrado público. “El barrio se sumió en absoluta oscuridad. Entonces nos preguntamos: ‘¿Por qué no diseñamos una solución que beneficie a toda la comunidad y no a unos pocos?’”.

Así surgió la iniciativa que lo llevó a ser destacado como uno de los 10 jóvenes innovadores menores de 35 años por parte de la publicación ‘Technology Review’ del Massachusetts Institute of Technology (MIT): un sistema de alumbrado público autosostenible basado en paneles solares.

El sistema consiste en unos postes -o farolas- de luz de bajo costo: cada uno vale alrededor de 700.000 pesos. Son fabricados en materiales de fácil adquisición como PVC, madera o bambú. Cuentan con un panel solar de 30 vatios y una batería de 18 amperios/hora. Consta de doce bombillos LED, cubiertos por una botella de plástico que los protege contra las inclemencias del clima, con capacidad para emitir luz de color blanco puro. El concepto fue ingeniado por el ingeniero electrónico Pedro López.

“La vida útil de cada poste es de 70.000 horas. La batería se recarga en siete horas y brinda autonomía por hasta tres noches”, explicó Herrera.

La altura de los postes depende de las necesidades de la comunidad. Si se requieren para actividades que demanden buenas condiciones lumínicas, se recomienda que su magnitud no supere los 5 metros. Si se necesitan para iluminar un área mayor, se sugiere que su talla sea de entre 12 y 15 metros.

Las farolas tienen un rango de iluminación de entre 40 metros y 60 metros de radio, en función de su altura.

La instalación de las farolas se lleva a cabo en jornadas de voluntariado con la comunidad beneficiaria. Este proceso se ve acompañado por talleres de capacitación donde se enseña a los integrantes de la zona a realizar mantenimiento a los postes y a entender su funcionamiento y virtudes.

La implementación del sistema ha sido auspicado por varias empresas y entidades, entre ellas Novartis y la Universidad EAN.

Ya son numerosos los barrios que cuentan con esta solución de alumbrado público. Catorce ciudades de Colombia, entre ellas Medellín, Bogotá, Cartagena, Cúcuta, Pereira y San Vicente del Caguán.

Sin embargo, esto no es lo más llamativo. Dado que ‘Un Litro de Luz’ es una organización con varias sedes en el orbe , el sistema de alumbrado público ha llegado a otros países. En abril de este año, Herrera y su equipo instalaron 50 postes en zonas de Ghana y Kenia, en África.

Para los próximos cinco años, desean expandir su presencia a 50 países del mundo, 14 en el continente africano. Desean instalar 5.000 postes en zonas en condiciones de extrema pobreza y en conflicto.

Herrera aclara que las farolas basadas en energía solar no son algo nuevo. “Otras empresas, como Samsung y Phillips, han creado soluciones similares. Nuestro diferencial fue diseñar un plan de impacto social”, concluye.

En un perfil publicado por el ‘MIT Technology Review’, el profesor de física experimental de la Universidad de Los Andes (Colombia) y miembro del jurado del MIT Technology Review Innovadores menores de 35 Colombia, Carlos Arturo Ávila Bernal, destacó que “su gran valor es llevar tecnología básica a comunidades que lo necesitan y que transforman la misma base social de la comunidad”.

Esta iniciativa también ganó el premio a Mejor Proyecto en Colombia en los Energy Globe Awards.

El Tiempo


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