El último verano de Sebastián Bedín fue muy blanco y muy frío. El estudiante de ingeniería de la Universidad Tecnológica Nacional, Regional Buenos Aires (UTN.BA), pasó dos meses en la Antártida con una misión: hacer mediciones en el glaciar Bahía del Diablo con un radar desarrollado por su compañero Agustín De Carlo.

El proyecto implicó dos semanas de preparación de todo el equipamiento necesario en la Base Marambio. Posteriormente, consistió en un mes de exploración, medición y largas caminatas junto a un geólogo y un topógrafo, con cuatro grados de temperatura promedio y tres horas de oscuridad diarias. “Más allá de los desafíos técnicos, el trabajo más importante para mí fue mantener la calma. Porque era pasar un mes con dos personas que no conocía. No existían los fines de semana para escaparme con mis amigos o familia a otro lado. Seguíamos siendo tres personas en una isla”, cuenta Bedín en diálogo con TSS. Una vez terminado el trabajo regresó a Marambio, donde debió esperar otras dos semanas para poder volver a Buenos Aires.

La aventura científica de Bedín es parte de un proyecto de investigación más grande de la UTN.BA, que tiene que ver con el sensado, detección y recolección de datos medioambientales de manera remota. En este sentido, los glaciares son como una especie de centinelas de la Tierra, ya que pueden brindar información sobre el cambio climático y sus consecuencias. De allí la importancia de estudiarlos. “Si nieva mucho, el glaciar engorda y, si hace mucho calor, adelgaza. Este glaciar es muy lineal en eso. Por lo tanto, a partir de analizar cuánto se comprimió el glaciar en un año se puede inferir cuánto se calentó el planeta a nivel global”, explica el futuro ingeniero.

El desarrollo del radar agilizó considerablemente la tarea de investigación. “Antes, se instalaban cámaras en los glaciares, pero recién un año después podía volver gente a buscarlas para darnos el material para hacer el análisis. Entonces, en enero del año pasado, instalamos una estación meteorológica que transmite los datos ‘en vivo’, con apenas 12 horas de diferencia”, cuenta Bedín. “Como ya teníamos imágenes y datos, eso nos daba una idea de lo que pasa en la superficie del glaciar, pero no sabíamos bien qué había debajo, cuánto espesor de hielo. Por eso surgió la idea de reflotar el radar de hielo que Agustín (De Carlo) había construido y recalibrarlo con ese objetivo”, precisa.

Uno de los mayores desafíos que Bedín y sus compañeros debieron enfrentar en la Antártida fue el cuidado extremo que había que tener con los equipos y dispositivos electrónicos, que a bajas temperaturas se vuelven más frágiles. “Si se rompía algo, tenía que repararlo yo. Por eso pasamos dos semanas preparando todo y previendo todos los inconvenientes posibles, porque después ya no se podía volver a buscar un repuesto o una herramienta”, señala. Además de Bedín y De Carlo, participan de la investigación el doctor Néstor Rotstein, director del proyecto; el ingeniero Sebastián Marinsek, jefe del área de Glaciología del Instituto Antártico Argentino; y el estudiante Mohamed Ríos, encargado de la modelación matemática y procesamiento de los datos obtenidos por el radar.

Además de la estación meteorológica instalada en 2014, este verano se montaron dos estaciones más que envían los datos a un servidor vía Internet a través del satélite SAC-D. Hasta el año pasado, el equipo de investigadores procesaba esa información y la subía a una página web para quien quisiera descargarla. En el archivo se podía acceder a una medición de temperatura y humedad cada tres horas, durante todo el año. Como se agregaron las dos nuevas estaciones, están reformulando el servidor, pero la idea es volver a compartir los datos en la Web. “Estamos gestionando que todo el desarrollo tecnológico, incluido el servidor, sea completamente hecho en la UTN”, destaca Bedín.

Actualmente, los investigadores están trabajando en optimizar el radar y desarrollar otros dispositivos para poder conocer no solo lo que ocurre en el lecho del glaciar, sino también en todo su interior. “Y algo nuevo que queremos implementar es ponerle tecnología Wi-Fi. En febrero hicimos una conexión de radio de Marambio al glaciar, que son 60 kilómetros de distancia. Ahora, desde la Base se puede hacer un click y sacar una foto por hora para ver cómo está actuando el glaciar durante el invierno, cuando no hay gente. La idea es, a partir de ese enlace que se generó, poner una antena Wi-Fi y que eso sea la base para poder colocar sensores en todo el glaciar”, asegura el investigador.

Nadia Luna – Agencia TSS


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