Las computadoras que funcionan como el cerebro humano, pronto, pueden convertirse en una realidad gracias a nuevas investigaciones que utilizan fibras ópticas de vidrio especial. La investigación, publicada en Materiales Ópticos avanzados, tiene el potencial de permitir que las computadoras ópticas sean no solo más rápidos y más inteligentes, sino que sean capaces de aprender y evolucionar.

Los investigadores han demostrado cómo las redes neuronales y las conexiones en el cerebro pueden ser reproducidas con pulsos ópticos como portadores de información, utilizando fibras especiales hechas de lentes que son sensibles a la luz, conocida como calcogenuros.

Aspiración vieja
El profesor Dan Hewak, del Centro de Investigación Optoelectrónica, dice: “Desde los albores de la era de las computadoras, los científicos han buscado la manera de imitar el comportamiento del cerebro humano, sustituyendo a las neuronas y a nuestro sistema nervioso con interruptores electrónicos y memoria. Ahora, en lugar de electrones, la luz y las fibras ópticas son prometedoras para lograr de una computadora similar al cerebro. En la funcionalidad cognitiva de las neuronas centrales está la capacidad adaptativa de la naturaleza y la capacidad de procesamiento de información de nuestro cerebro”.

En la última década, la investigación informática neuromórfica ha perfeccionado un avanzado software y hardware electrónicos que imitan las funciones cerebrales y protocolos de señalización, destinados a mejorar la eficiencia y la capacidad de adaptación de las computadoras convencionales.

Todavía son lentas
En comparación con nuestro cerebro, las computadoras actuales son más de un millón de veces menos eficientes. La simulación de cinco segundos de actividad cerebral toma 500 segundos y necesita 1,4 MW de potencia, en comparación con el pequeño número de calorías quemadas por el cerebro.

Las microfibras pueden producirse a partir de calcogenuro (vidrios a base de azufre) que poseen una variedad de efectos de banda ancha fotoinducida, que permiten que las fibras se enciendan y se apaguen.
Este proceso de apagado y encendido puede ser explotado para varias aplicaciones de computación de última generación capaces de procesar grandes cantidades de datos y procesar mejor la energía.

El Deber